CAPITULO 10

HARDING SE EXCUSA Y KELLOGG PROPONE

 

La reclamación boliviana en la Liga de las Naciones sirvió para que el Departamento de Estado dispensara una mayor atención a la búsqueda de una solución a la Cuestión de Tacna y Arica; en forma similar, ayudo a Perú a conseguir el eco necesario en los Estados Unidos para obligar a Chile a cumplir con el Artículo III del Tratado de Ancón, que estipulaba la tenencia temporal de Tacna y Arica por Chile, hasta la ejecución de un plebiscito que determinaría la soberanía final de esa región.

El Perú buscaba en 1921 el arbitraje americano, empero Chile decidió concluir el diferendo efectuando el plebiscito y así lo propuso directamente, mediante comunicación telegráfica, al Canciller peruano, dando cumplimiento al Protocolo Huneus-Varela de 1912.

El Canciller Salomón respondió de inmediato que el Perú deseaba someter la cuestión de Tacna y Arica al arbitraje de los Estados Unidos, procedimiento que permitiría solucionar esta controversia de acuerdo con los principios establecidos de que la paz y la justicia deberían primar en el mundo.

El Ministro peruano, F. Pezet, visitó el 17 de diciembre al Secretario de Estado, Charles Hughes, y le manifestó que el Perú había sido sorprendido con la propuesta chilena de llevar a cabo el plebiscito y no creía que Chile estuviera actuando de buena fé. Posteriormente, el 20 de diciembre, Pezet envió al Departamento de Estado copia del telegrama de Salomón al anciller chileno Barros; en la que hacía notar que la postura adoptada por el Perú tenía fundamentos en la posición jurídica expresada por Chile ante la Liga sobre el caso boliviano, en la cual afirmó que el diferendo era un "problema político americano" que debía ser solucionado únicamente con mecanismos de nuestro continente.(1)

Chile hizo una contrapropuesta al Perú en la que insistía en definir las bases del plebiscito, aunque no rechazaba el arbitraje. Sterling, Encargado de Negocios americano en Lima, informó al Secretario de Estado, Charles Hughes, que la contrapropuesta debía interpretarse en forma positiva ya que no rechazaba el arbitraje de los Estados Unidos. Añadía que Bolivia había iniciado contactos en Lima y Santiago para que se le permita intervenir en las conversaciones. Acotaba que Bolivia apoyaba el arbitraje norteamericano siempre y cuando éste pudiera efectuarse en el plazo de un año; caso contrario, Bolivia sostenía que se debía convocar a una reunión de los tres países interesados bajo la dirección y mediación de los Estados Unidos, con el fin de lograr una solución equitativa para los tres. Finalmente, Sterling mencionaba que en Torre Tagle estaban muy preocupados y se consideraba que el pedido boliviano podría dificultar las posibilidades de alcanzar un acuerdo.(2)

El Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia envió el 24 de octubre un telegrama a Charles Hughes, explicando la posición de Bolivia en la Cuestión del Pacífico. En esa comunicación, transcribió las notas que con carácter idéntico presentó su gobierno a las Cancillerías de Lima y Santiago. Chile rechazó de inmediato la solicitud boliviana afirmando que ésta constituía una interferencia diplomática de Bolivia en el acercamiento chileno-peruano.

El Canciller peruano respondió a Bolivia el 27 de diciembre, estableciendo que el categórico rechazo de Chile hacía imposible para el Perú poder atender dicha solicitud; sin embargo, el Perú formulaba votos para que la reclamación boliviana ante Chile encuentre una solución en el futuro próximo.

El Enviado americano en La Paz, señor Morgan, decía que en esa capital se recibió ambas negativas con indignación; y mientras se entendía de alguna forma la de Chile, se caracterizaba la del Perú como una con falta de lealtad.(3)

LA CONFERENCIA DE WASHINGTON

Al iniciarse el año de 1922, Charles Hughes envió a los Plenipotenciarios americanos en Santiago y Lima instrucciones para que sondearan la posibilidad de efectuar, a invitación del Presidente de los Estados Unidos, una reunión en Washington, en la que ambos Gobiernos podrían intercambiar opiniones sobre un arbitraje u otras soluciones dirigidas a superar el diferendo sobre el cumplimiento del Tratado de Ancón. Las instrucciones señalaban que un posible arbitraje dependía necesariamente del acuerdo de ambos países y el mismo se efectuaría, no como una modificación sino como un complemento al Tratado.(4)

Perú hizo conocer su aceptación el 14 de enero mientras que Chile la hizo conocer el 17. Consecuentemente, el 18 de enero, el Presidente de Estados Unidos, Warren G. Harding, oficializó su invitación a los dos Gobiernos para concurrir a una Conferencia en Washington. Los dos países aceptaron con carácter oficial y en forma simultánea al día siguiente.(5)

Bautista Saavedra, Presidente de Bolivia, envió al Presidente Warren Harding, un mensaje el 20 de enero en cuyas partes salientes manifestaba:

"Animado de un espíritu de alta justificación, cual corresponde al más conspicuo representante de los pueblos libres de la América, V.E. ha hecho saber a los Gobiernos de Chile y Perú el deseo que tiene de invitarles a constituir sus delegados en Washington, para definir, bajo la influencia moral del Gobierno de la Unión, el viejo pleito existente entre aquellas repúblicas como consecuencia de la guerra del Pacífico de 1879. Aunque tal controversia que embarga a las repúblicas del Perú y Chile, y a cuyo término quiere V.E. contribuir eficazmente parece irritarse al desacuerdo producido por el incumplimiento del tratado llamado de Ancón, no es posible desconocer que ella alcanza a Bolivia, porque si mi país fué víctima del conflicto del Pacífico, éste no puede quedar ni justiciera ni definitivamente resuelto sin que sea reparada la pérdida de su territorio marítimo. El pacto de Ancón, entregando a Chile toda la costa peruana meridional, colocó al vencedor en situación de no desprenderse de ninguna fracción del litoral boliviano, para no romper la solución de continuidad en sus conquistas hacia el norte.

Ante las insistentes reclamaciones de mi país, la República de Chile ha respondido invocando el texto del tratado de 20 de octubre de 1904, por el que Bolivia le hubo transferido la soberanía de toda su costa. Pero el tratado de 1904 no ha sido un acto libre y espontáneo. No hay pueblo, por infeliz que sea, que mutile su propia soberanía, que renuncie a vivir en relación con los demás pueblos del orbe civilizado por medio del vehículo de todo comercio humano, el mar, por una libre determinación suya y porque el Pacto de 1904 deformaba, mutilaba, truncaba la soberanía boliviana, es que al día siguiente de ser suscrito, mi país levanto el emblema reivindicacionista de los atributos marítimos sin los cuales no puede existir como nación independiente, ni puede labrar dignamente sus propios destinos.

Bolivia, por su tradicional respeto a sus compromisos internacionales nada reclamaría en estas o parecidas circunstancias, si ese tratado, escudo de los derechos adquiridos por Chile, tradujera, aunque no fuera una relación de completa justicia, por lo menos una situación soportable para mi país. Empero, ese tratado no solo es injusto, por que priva a todo un pueblo de su libre comunicación con el mar, que la tuvo desde que nació a la vida autónoma, si no que, siendo él una decisión de fuerza, será por siempre fuente de zozobras e intranquilidades para la paz sudamericana, pues mientras Bolivia no sea reparada en su despojo territorial, no dejará de agitar constantemente la conciencia mundial demandando justicia para su causa.

No es posible, Excelentísimo señor, que mi país se resigne a vivir encerrado dentro de los muros de una prisión geográfica impuesta por los azares de la guerra, cuando los principios de un nuevo derecho de las naciones ha abierto a todos los pueblos del continente europeo, surgidos a su amparo, las puertas del océano como condición indispensable a su existencia y cuando todas las naciones, especialmente los Estados Unidos, vienen abogando insistentemente por el imperio de una política de respeto a los pueblos débiles. He aquí que en este instante apelo a V.E. para pedirle en nombre del pueblo boliviano que al entender en el conflicto que quieran someterle el Perú y Chile, escuche la voz de las reclamaciones de Bolivia y llame a mí país para que sea considerado como elemento integral en la solución del pleito del Pacífico. La cancillería de mi país, en notas dirigidas a las de Santiago y Lima a raíz de la invitación que el gobierno de Chile hiciera al del Perú, para un arreglo directo, declaro que no era posible que se produjera un arreglo definitivo en las últimas emergencias de la guerra de 1879 sin que Bolivia lograse ser oída en sus derechos conculcados".

Unos días más tarde, el mandatario americano luego de consultas intensas con sus diplomáticos en Santiago y Lima, respondió al Presidente Saavedra de la siguiente manera:

"He leído con gran interés el telegrama de V.E. de 21 de enero en el que expresa elocuentemente la aspiración de su país de obtener una salida al mar, la que fué perdida a consecuencia de la guerra del Pacífico, y de su deseo de obtener una modificación de los términos del Tratado celebrado con la República de Chile en 1904.

En respuesta, me permito expresar a V.E. que la invitación que he tenido el honor de dirigir a los Gobiernos de Perú y Chile, no contempla una audiencia ante mi ni ante los Estados Unidos, de los asuntos en controversia entre dichos Gobiernos. Habiendo notado en los más recientes telegramas cambiados directamente entre los Gobiernos de Chile y el Perú, que la idea de una reunión de representantes de los dos países, con el fin de llegar a un arreglo de las dificultades surgidas por la falta de cumplimiento en una estipulación del Tratado de Ancón, ya sea directamente o por arbitraje parecía ser aceptable para ambos en principio, los invité a enviar delegados a Washington con este fin.

Esta invitación, celebro expresarlo, ha sido aceptada, y se me ha informado que representantes de los dos países serán designados próximamente para encontrarse en Washington y poder llegar a un arreglo definir las bases del mismo mediante negociaciones directas entre ellos.

V.E. comprenderá fácilmente por lo anterior que la inclusión de Bolivia en la discusión de las cuestiones que se van a dilucidar entre los Gobiernos del Perú y Chile, es un asunto de exclusiva deliberación de ambos Gobiernos y por esta circunstancia estoy impedido de aceptar la iniciativa que V.E. sugiere".(6)

Desde La Paz el Ministro Jesse S. Cottrell, informaba al Secretario de Estado que:

"Indudablemente hubieron y todavía hay, esperanzas entusiastas de que el Presidente Harding, aunque no pueda admitir a Bolivia en la Conferencia por su propia invitación, pueda tener éxito en persuadir a Chile y al Perú, ya sea antes de que se inicie la necesidades y deseos de Bolivia puedan ofrecer consideración por razones morales si no por razones jurídicas, y que la Cuestión del Pacífico no, puede ser solucionada definitivamente mientras la tercera parte interesada continúe sin ser escuchada e insatisfecha.

Si las actuales negociaciones llegan a convertirse en un arbitraje destinado a trazar una frontera definitiva entre Chile y Perú, sería conveniente y posible antes del final, adoptar disposiciones para que se separara para Bolivia una faja de territorio que condujera a un puerto marítimo adecuado; pero si todo el territorio costero es dividido entre Chile y el Perú, ningún país estará ansioso de reabrir la cuestión en beneficio de Bolivia, a menos que se celebrara una negociación separada encaminada a vender a Bolivia un puerto al precio más alto posible.

En realidad, se me ha informado y el rumor parece muy aceptable, que precisamente esa es la razón por la cual Chile esta tan ansioso de mantener a Bolivia fuera de las negociaciones. Cuando Chile establezca finalmente su soberanía sobre todo o parte del territorio disputado, puede ofrecer entregar a Bolivia una parte del territorio de Tacna y Arica. incluido un puerto que probablemente sería Arica, a cambio de lo cual exigiría la cesión de territorio valioso en Bolivia meridional; posiblemente será la provincia de Lipez, sobre la cual ha tenido desde hace largo tiempo puesto sus miras. Durante algún tiempo Chile ha citado ansioso de aumentar su riqueza mineral como compensación a la pérdida de valor de los nitratos y por codicia a los recursos minerales de Bolivia. Chile teme que si Bolivia entra en las negociaciones antes de que éste asegure sus títulos sobre el territorio en disputa, Bolivia podría lograr un puerto marítimo sin conceder a cambio lo que sería considerado por Chile un "quid pro quo" adecuado".(7)

Desde Santiago, el Embajador W. Miller Collier envió una extensa nota sobre la posición de Chile en la cuestión con Perú y el diferendo portuario con Bolivia. El Ministro Collier antes de enviar su nota la hizo revisar con el Subsecretario de Relaciones Ramón Subercaseaux y en forma indirecta trató sobre el contenido de la misma con el Embajador chileno en Colombia, señor Orrego. Con estos antecedentes vale la pena citar la mencionada nota en los aspectos relevantes sobre la cuestión con Bolivia:

"Chile está consciente que Bolivia fué separada del mar por el Tratado de 1904, destinado a conseguir el fin de la guerra, que en opinión de Chile fué provocada por Bolivia y Perú. Chile cree que al construir con sus propios capitales el ferrocarril Arica-La Paz y al permitirle a Bolivia el libre tránsito sin gravámenes aduaneros, le ha permitido un acceso al mar que Bolivia antes no poseía y que sólo con sus recursos y crédito no hubiera conseguido por si misma.× Más aún, Bolivia tiene otra salida al mar por medio del ferrocarril que une La Paz con el puerto chileno de Antofagasta (anteriormente boliviano); Existen otros medios de transporte del Pacífico hacia el interior de Bolivia. Por consiguiente Chile argumenta que al separar a Bolivia de la costa, en realidad le ha proporcionado a cambio las facilidades necesarias de lograr un cómodo acceso al mar. Los chilenos no ven más base en el reclamo de Bolivia de poseer o adquirir soberanía sobre el territorio que la que tendría Canadá si alegara algún derecho sobre los Estados de Nueva Inglaterra porque durante los largos meses de invierno, el único acceso del Canal al mar es por los ferrocarriles que atraviesan esos Estados a los puertos de Boston Portland, Providencia y New London.

Chile afirma que Bolivia dispone ahora en Arica de total libertad para su comercio y cuenta con las instalaciones necesarias, las mismas que ella hubiera tenido si hubiera sido soberana en el territorio. Considera también que las aspiraciones de Bolivia son sentimentales más bien que prácticas; pero se dan cuenta que Bolivia con un puerto en el Pacífico y posiblemente con una armada podría serle hostil y aliada al Perú u otros posibles enemigos de Chile, pondría en peligro la seguridad en el mar, la cual debe ser mantenida a toda costa ya que éste país es nada más que una franja estrecha que se extiende a lo largo del Pacífico aproximadamente por 3 mil millas. El tratado de Chile con Bolivia ha sido firmado y ejecutado en cada estipulación. Bolivia ha reconocido repetidamente el status resultante de este tratado. Hoy día, Bolivia no busca recuperar partes de su región costeña perdida, más bien obtener en su lugar un puerto (Arica) que perteneció antiguamente al Perú y nunca a Bolivia. La soberanía del puerto de Arica debería ser definida por el Tratado de Ancón, del cual Bolivia no es parte; por consiguiente los chilenos niegan absolutamente el derecho a Bolivia a intervenir en este asunto. Dicen que el derecho los favorece y la demanda boliviana es moralmente débil, ya que es equivalente a decirle a Chile: "Me forzaste a darte mis puertos, ahora debes tú (Chile) insistir a que el Perú renuncie a su puerto el cual deberán dármelo como indemnización por lo que me arrebataste".

El Embajador americano dedica luego una extensa parte de la nota a presentar los "aspectos políticos e históricos de la cuestión portuaria de Bolivia". En el análisis de los hechos históricos de la región menciona la deuda que Chile, el Perú, la Argentina y Bolivia tenían con el General José de San Martín y propone que los nombres Tacna y Arica, que provocaban grandes sentimientos y pasiones deberían ser sustituidos por el de Distrito San Martín.

A continuación analiza los datos estadísticos de las provincias y las vinculaciones de las mismas con la economía chilena, boliviana y peruana y luego presenta las siguientes conclusiones:

"1. El valor de Tacna y Arica para el Perú es simplemente sentimental. No le serviría ni para incrementar su riqueza ni como vía de salida para sus productos. Tampoco tiene carácter estratégico y en caso de estar en posesión de un enemigo, la separa de las zonas pobladas un enorme desierto. Desea retenerlas sólo porque fueron un día su territorio y sus hijos murieron por ella.

2. Para Chile, la provincia de Tacna, de acuerdo al "Anuario General de Chile", no tiene importancia agrícola o minera, su valor es estratégico y guarda Tarapacá, la gran provincia salitrera, donde se hallan vastos y ricos depósitos que son fuentes de las principales exportaciones de Chile provee con casi todo el ingreso fiscal.

Los chilenos creen que deben tener un territorio "buffer" entre sus provincias salitreras y un estado enemigo, ya que una invasión sorpresiva producir a su ocupación y la parálisis absoluta de la industria chilena y un corte en la mayor fuente de ingresos fiscales. Tacna es el territorio "buffer" que Chile considera indispensable para su seguridad. El progreso de Arica ha sido rápido desde que Chile construyó el ferrocarril a La Paz con capital chileno; existe un acuerdo para venderle a Bolivia la sección en territorio boliviano dentro de cierto tiempo. Los chilenos no admiten que ellos desean retener Arica con el fin de controlar esta terminal ferroviaria y así dominar el comercio boliviano. Yo mismo encuentro que esto los motiva a actuar así. Sin embargo, debo admitir que no he visto ni leído ni escuchado nada que justifique esta suposición. Ella se basa, en que creo que la posesión de esa terminal debe darle a Chile el control sobre el comercio de Bolivia, el cual debe ser de gran valor.

3. Bolivia busca tener Arica bajo su propia soberanía, de modo de tener un puerto bajo su propio control. Puede que no desee tener toda la provincia de Tacna; simplemente un corredor bajo su propia soberanía bajando hacia Arica. Esto satisficiera posiblemente sus necesidades y aspiraciones. Obviamente si este corredor estuviera bajo un control internacional con absoluta libertad para ser utilizado por Bolivia y si se concede ésta todos los derechos portuarios y las instalaciones que la misma tendría si fuera soberana en el lugar, probablemente Bolivia quedaría satisfecha. Chile afirma que este último país ya cuenta con esos derechos en la actualidad, pero Bolivia preferiría gozar de los mismos como resultado de su propia soberanía, aunque tal vez podría aceptar un control internacional.

En resumen, El Perú tiene en Tacna sólo un interés sentimental, mientras Chile desea asegurarse que no quede en manos enemigas. Bolivia desea una salida soberana al mar y preferiría aceptarla como un favor de un concierto de países más que de uno solo.

Me parece que el interés de los tres países puede ser garantizado si se decide que la provincia de Tacna sea un Distrito Internacional Libre o mini-estado, el cual debería ser denominado San Martín. La neutralidad del distrito será garantizada para dar protección a Chile y a Bolivia acceso libre al Mar, con puerto y derechos aduaneros como si ella fuera soberana.

El Gobierno del Distrito será administrado por la población local. Sus relaciones con otras naciones deberán estar bajo control de ciertas potencias garantes, posiblemente Chile, Perú, Bolivia y Estados Unidos.

"Estrictamente Confidencial": "Si los Estados Unidos actúan como una potencia garante podrían en caso de guerra, contar con Arica como base naval ".(8)

Mientras tanto, el Embajador de Chile en Washington entrego al Departamento de Estado un Memorándum estableciendo la posición chilena sobre la demanda portuaria boliviana. En la misma Chile decía:

"La Guerra del Pacífico concluyó con el Pacto de 1884, en virtud del cual todo el Litoral de Atacama, desde Loa hasta el sur, quedó bajo la soberanía de Chile. Hay que observar que la cesión a Chile de Tarapacá, por el Tratado de Ancón, imponía a Bolivia el reconocimiento de la soberanía chilena en el Litoral de Atacama desde que no era posible aceptar una solución de continuidad en territorio chileno y así lo reconoció Bolivia en el ajuste de tregua. Bolivia no volvió a pensar más en la recuperación de lo que llamaba su Litoral, que era suyo sólo por las concesiones de Chile en los Tratados de 1866 y 1874. Abandonada por Bolivia la idea de recuperar aquel Litoral, todas sus miradas se encaminaron a obtener un acceso soberano al mar por Arica y al efecto práctico diversas acciones ante el Gobierno de Chile. Este Gobierno no estaba posibilidad para considerar la proposición boliviana dada la posesión condicional y la subordinación al resultado de un próximo plebiscito. Se ignora si Bolivia efectuó gestiones análogas ante el Perú, su antiguo aliado. Visto el alejamiento de una pronta definición del dominio de Arica y Tacna, Bolivia reemplazo su aspiración a un puerto por ventajas más inmediatas y sustanciales. Al fin, en 1904, quedó el Tratado firmado y ratificado a satisfacción de los dos países particularmente de Bolivia...El comercio boliviano se hace sin obstáculo alguno por los puertos chilenos y el Tratado consiguió para Bolivia la confianza chilena y esto a su vez la afluencia de capitales y empresas chilenas que contribuyeron al gran progreso del que felizmente goza aquel París. Por lo demás, la totalidad de la población de la provincia de Antofagasta es chilena y lo ha sido siempre, aún antes de la guerra.

Luego de otras consideraciones ya tradicionales en la posición chilena, el Embajador reiteraba ante el Gobierno de Washington que Chile no aceptaría ninguna intervención de Bolivia en un problema que no le competía.(9)

Los Gobiernos de Perú y Chile interpretaron de diferente manera la actitud del Presidente Harding al invitarlos a Washington; pudiendo recién reunirse el 15 de mayo, en la sede de la Unión Panamericana. En la sesión inaugural, el Secretario de Estado Hughes dió la bienvenida así como delineó el marco de referencia al que debían sujetarse las partes.

El Ministro Cottrell habrá informado desde La Paz, el 15 de abril, que el Gobierno había designado una Comisión para viajar a Washington y tratar de participar en la Conferencia convocada por Harding. La delegación boliviana estaba compuesta por Alberto Gutiérrez, Ignacio Calderón, Adolfo Ballivián, Carlos Victor Aramayo, Alberto Palacios y contando como Asesor General a Daniel Sánchez Bustamante. El Ministro Cottrell transmitió el 24 de mayo una nueva solicitud del Gobierno boliviano en la que decía:

"Bolivia considera que la cuestión a ser discutida en Washington es una en la que los tres participantes de la Guerra del Pacífico deben ser parte y que un arreglo final y duradero se logrará solamente si los tres países involucrados participan. El Ministro de Relaciones Exteriores me dijo que Bolivia es la que más ha sufrido por la guerra ya que ha perdido todo su litoral marítimo, por consiguiente se la debería tomar en cuenta en las conversaciones a fin de que presente su caso".

El Secretario de Estado rehusó considerar la petición boliviana con los siguientes términos:

"Informe al Gobierno de Bolivia que las actuales conversaciones entre Perú y Chile en Washington, se refieren únicamente a los problemas surgidos por el Tratado de Ancón en el cual los dos son únicos signatarios, el Gobierno de Estados Unidos, al respecto, lamenta no poder adoptar ninguna iniciativa en este asunto".(10)

En Washington, un tercio del Senado Americano encabezado por George Pepper, Presidente del Comité de Asuntos Bancarios Y representantes de la Cámara Baja, a iniciativa de William Oldfield de Arkansas, Y presidente de la Comisión de procedimientos, pidieron que el Gobierno de Estados Unidos al considerar los problemas de Sudamérica concediera máxima prioridad al logro de una paz permanente, la cual no se conseguiría sin conceder un puerto en el Pacífico a la República de Bolivia.

Hugues respondió al Congreso enfatizando que Gobierno americano no participaba de la Conferencia de Washington y actuaba únicamente como anfitrión y, en la cual estaban representados sólo Perú y Chile. Añadía que los derechos territoriales de Bolivia Y sus países vecinos podían ser tratados directa Y únicamente por los Gobiernos involucrados"(11)

Luego de un numeroso intercambio de notas entre las delegaciones de Perú y Chile acordaron con intervención de Huges suscribir el Protocolo de Arbitraje del 20 de julio, en el cual se establecía: 1) Que las únicas dificultades entre los dos países eran las emergentes del incumplimiento de una de las estipulaciones del Tratado de Ancón; 2) Lo mencionado en el punto anterior estaría sujeto a la decisión del Presidente de los Estados Unidos en su condición de Arbitro en la controversia; 3) se mencionaba también en documento complementario que se trataría sobre sí las circunstancias prevalecientes permitirían o no la ejecución del plebiscito. El protocolo fué firmado por los delegados peruanos Hernán Velarde y Melitón Porras y por los delegados chilenos, Carlos Aldunate Y Luis Izquierdo.(12)

En el Perú se consideró la aceptación chilena del arbitraje como una victoria y en ese sentido el Congreso peruano lo ratificó el ll de septiembre.(13) Por su parte, en Chile, el Protocolo fué debatido intensamente y un grupo importante de la opinión pública consideró como un error la exclusión de Bolivia en la solución del problema. Se debe recordar que dicha exclusión se efectuó a iniciativa propia del Gobierno de Chile, la misma que fué vista con agrado por el Perú. Collier, envió a Washington, el 3 de octubre, 1a siguiente nota:

"Tengo el honor de expresar que el examen del Protocolo entre Chile y Perú ha producido muchas opiniones en el Senado y entre personalidades públicas de Chile respecto a las aspiraciones bolivianas de contar con un puerto en el Pacífico. Muchos de los senadores señalan que una de las razones para rechazar el protocolo, es el hecho de que el arreglo de la cuestión peruana y la armonía de América del Sur no sería restaurada debido a que Bolivia insistirá en su reclamación a una porción de Tacna y Arica para obtener su deseada salida al mar.

Varios senadores urgieron a que se rechace el protocolo y se inicien de inmediato negociaciones con Bolivia para ver si sus aspiraciones pudieran ser satisfechas dando a cambio alguna compensación satisfactoria a Chile. Uno o dos senadores me mencionaron esta cuestión Y contesté invariablemente que, en mi opinión, cualquier acuerdo de esta clase anterior a la definición de la soberanía de Tacna y Arica, sería inmoral y fútil y que el Protocolo concluido el 20 de julio en Washington es la única solución a la cuestión peruana y es un acto preliminar esencial para el examen de la cuestión boliviana.

El Presidente Alessandri y el Senador Ismael Tocornal , ambos sinceramente deseosos de ratificar el protocolo, comparten estas opiniones.

Han circulado rumores impresos en los periódicos en sentido de que actualmente se están realizando negociaciones entre Chile y Bolivia. En mi opinión es probable que los dos Gobiernos estén buscando ponerse de acuerdo, pero no creo que el Gobierno que actualmente está en el poder decida dividir este territorio hasta que el protocolo sea aceptado o rechazado. Indudablemente existe un sentimiento fuerte y sincero en Chile tendiente a satisfacer las aspiraciones bolivianas, Y Yo creo sinceramente que si se celebrara el plebiscito y Chile ganara, se lograría un arreglo rápido con Bolivia. El sentimiento Y los intereses impulsan a Chile a seguir ese camino. El Gobierno Y el pueblo desean profundamente la armonía con sus vecinos. Bolivia tiene territorios que Chile aceptaría con satisfacción a cambio de un puerto en Tacna Y Arica. Es posible que Bolivia pudiera cederlos, de no ser así, estaría dispuesta a ofrecer concesiones comerciales como compensación, el futuro industrial y comercial de Chile depende en gran medida del establecimiento de relaciones mas estrechas con Bolivia.

A su vez, si el Perú ganara el plebiscito o en caso de no celebrarse el mismo, se quedará con alguna reclamación sobre las provincias disputadas, creo que no habrá posibilidad alguna de que se haga una concesión a Bolivia; ni habrá interés material alguno para inducir al Perú a hacerlo, ya que Bolivia no tiene territorio alguno que el Perú× desee. El sentimiento peruano se apartaría de la idea de conceder a Bolivia cualquier territorio para recompensarle por el que le entrego a Chile durante la Guerra del Pacífico, pues los peruanos consideran que los bolivianos los dejaron abandonados en esa Guerra.

Aún cuando es evidente que Estados Unidos como árbitro deberá actuar imparcialmente, opino que seria conveniente considerar el posible resultado de la decisión a tomarse en los efectos sobre la paz y el progreso de los tres países sudamericanos que estén envueltos en esta cuestión...Creo estar convencido, según informes que me han hecho en muchas oportunidades representantes de variadas comunidades e intereses, que una gran mayoría de personas en Tacna y Arica prefieren la soberanía chilena a la del Perú. Ellas verían con consternación el restablecimiento de la soberanía peruana debido a la gran distancia de estas dos provincias de Lima, sujetas a convertirse en víctimas del descuido...Por lo menos esa fué la historia de estas provincias antes de la guerra de 1879.

Sin embargo, los habitantes de Arica o de cualquier puerto cercano que pudiera ser cedido a Bolivia, no verían ese cambio con desaliento debido a que como único puerto de Bolivia, indudablemente alcanzaría una creciente prosperidad.

A este respecto podría referirme al tratado especial entre Chile y Bolivia, firmado el 18 de mayo de 1895 en el que se establecía que en caso de que Chile ganara el plebiscito, que se pensaba sería celebrado en esa oportunidad, cedería a Bolivia Tacna y Arica como compensación. Este Tratado no entró nunca en vigor pero es interesante como testimonio de un propósito de Chile en ese momento y robustece la creencia de que aún en esta fecha Chile estaría dispuesto a ceder una parte de esa provincia a Bolivia con miras a asegurarse su voluntad".(14)

Luego de intensos y prolongados debates, además de la presión del Presidente Alessandri, el Congreso chileno ratificó el Protocolo de Arbitraje el 29 de noviembre de 1922, sin adoptar las reservas que hubieran incluido a Bolivia, como una mayoría de Senadores lo había propuesto. El 2 de marzo de 1923, los Embajadores de Chile y Perú fijaron los términos y plazos para presentar sus casos ante el Arbitro. El Gobierno del Perú sometió su caso el 13 de noviembre de 1923, con firmas de Melitón Porras y los abogados asesores americanos Joseph E. Davies, Wade Ellis y Hoke Smith.

La posición peruana puede resumirse así:

    1. Chile había retrasado el plebiscito señalado originalmente para efectuarse en 1894; 2) Chile al haber desplazado parte de la población peruana de Arica, que en 1884 alcanzaba a un 80% del total, había perdido todo derecho a realizar el plebiscito; 3)Chile habla poseído Tacna y Arica solo a título precario y por consiguiente el Perú solicitaba al Arbitro que determinara la devolución de sus territorios.

Chile sometió, su caso al Arbitro con las firmas de Carlos Aldunate y Ernesto Barros, bajo asesoría de los abogados americanos Robert Lansing, ex-Secretario de Estado y L. Woolsey. Los argumentos de Chile se pueden resumir en que el arbitraje solo se refería al Artículo III del Tratado de Ancón y no a todos los problemas emergentes de la Guerra del Pacífico, por consiguiente el Arbitro al confirmar la ejecución del plebiscito debería sentar las modalidades del mismo. El Secretario de Estado Hughes al justificar la actuación americana en la Conferencia de Washington y la aceptación del arbitraje sostuvo que lo hacían inspirados en la Doctrina Monroe y dijo:

"Una mayoría de las disputas fronterizas en América Latina han sido resueltas y las que todavía están pendientes, están en vías de resolverse. Por esto nos ha sido muy grato conocer la ilustrada acción de Perú y Chile que recientemente acordaron en Washington solucionar las discrepancias pendientes del Tratado de Ancón sobre los territorios de Tacna-Arica, mediante el Arbitraje del Presidente de Estados Unidos. Si bien estos esfuerzos no fueron efectuados en estricta aplicación de la Doctrina Monroe, han sido facilitados por el reconocimiento de la misma".(16)

La decisión arbitral sufrió un retraso debido al fallecimiento del Presidente Harding de modo que el Departamento de Estado, siempre bajo la dirección del Secretario Hughes, preparo la sentencia arbitral quien la hizo pública el Presidente Coolidge el 4 de marzo de 1925. En la sentencia arbitral, el Presidente americano determinó que el plebiscito debería efectuarse y estableció las bases del mismo. Además, dilucidó el problema de posesión de Tarata y Chilcaya.(17)

BOLIVIA ACEPTA INVITACION DE CHILE PARA EL DIALOGO DIRECTO

Anteriormente se mencionó que el delegado chileno Agustín Edwards, en su intervención en la sesión final de la Liga, que trató la demanda boliviana, afirmó que Bolivia debía buscar negociaciones directas ya que por esa vía Chile no había cerrado las puertas a ese tipo de diálogo.

El Gobierno de Bolivia acreditó a Ricardo Jaimes Freyre como Ministro Plenipotenciario en Santiago, a fines del año 1922, con instrucciones de buscar la solución mediante el diálogo bilateral al que Chile le había invitado en Ginebra. El Ministro Jaimes Freyre presentó al Gobierno chileno el 27 de enero de 1923, una nota en la que planteaba en parte saliente:

"...la revisión del Tratado de 1904 a fin de abrir las puertas a una nueva situación internacional que permita a Bolivia vivir en plena posesión de su soberanía, con acceso autónomo al mar..."

El Canciller chileno Luis Izquierdo, respondió con nota del seis de febrero al Ministro Jaimes Freyre y luego de varias consideraciones decía:

"El Tratado de Paz no es revisable... No obstante...mi Gobierno sigue manteniendo el propósito de escuchar con el más elevado espíritu de conciliación y de equidad, las proposiciones que quiere someterle el Gobierno de Vuestra Excelencia para alentar un nuevo pacto que consulte la situación de Bolivia, sin modificar el Tratado de Paz y sin dejar interrumpida la continuidad del territorio chileno...el Gobierno de Chile pondrá el mayor empeño en concertar con el de V.E., en vista de las proposiciones concretas que Bolivia presenta...las bases de una negociación directa que conduzca, mediante compensaciones mutuas y sin el desmedro de derechos irrenunciables, a la realización de aquel anhelo".

Jaimes Freyre respondió el mismo día haciendo hincapié en que el derecho internacional permitía la revisión de tratados cuando las partes signatarias así lo decidían y que dentro de ese contexto Bolivia invitó a Chile a revisar el tratado de 1904. El Canciller boliviano, Eduardo Diez de Medina, envió el 12 de febrero instrucciones a Jaimes Freyre con consideraciones sustantivas y formales sobre la nota chilena, concluyendo que debía darse por finalizada la gestión ante la negativa chilena a la revisión. El Gobierno boliviano anunció en fecha 15 de febrero que por la negativa chilena no asistiría a la Quinta Conferencia Panamericana a efectuarse en Santiago.

El Ministro Cottrell desde La Paz, informó el 5 de febrero que aunque el Gobierno boliviano concedía gran importancia a la gestión de Jaimes Freyre, otras personalidades predecían que no alcanzaría ningún resultado salvo la posibilidad de algún beneficio en la Conferencia en Washington. Collier informó el 6 de febrero desde Santiago que se acogió con agrado la actitud boliviana de dialogar directamente con el fin de obtener una salida al mar, en lugar de "agitar" el problema en foros internacionales o con terceros países. Collier, al incluir la correspondencia entre el Gobierno chileno y Jaimes Freyre, hizo notar que El Mercurio en editorial del 2 de febrero, reconocía 1a aspiración boliviana como legítima, la misma que solo podría solucionarse sobre fundamentos de una verdadera amistad.(20)

El 20 de febrero el Embajador Collier reportó que Chile había hecho público su rechazo a considerar la revisión del Tratado de 1904 e incluyó copias de las notas chilenas. Collier acotó que se esperaba a que Bolivia retire sus representaciones diplomática y consular de Santiago. Añadió que en círculos chilenos se creía que Bolivia tenía algún acuerdo secreto con su antiguo aliado (Perú) para no tratar directamente el problema y así, al ahondar las dificultades, tener que solucionarlo mediante el arbitraje.(21)

El 6 de marzo, Collier informó a Washington que tanto el Ministro Jaimes Freyre como el personal de la legación boliviana habían partido de Santiago hacia La Paz el 2 de mayo. Collier hacía notar que este retiro abrupto, luego de una misión de solo tres meses, no significaba técnicamente una ruptura de relaciones sino una forma de dramatizar la situación, mostrando 1a insatisfacción por el rechazo chileno a considerar la revisión del Tratado de 1904.(22)

El señor John Martin, Encargado de Negocios americano en Santiago, daba cuenta al Departamento de Estado el 2 de agosto, de una violenta campaña de la prensa chilena dirigida contra el Gobierno de Bolivia al que se acusaba de fomentar el antichilenismo en las escuelas bolivianas. La prensa chilena era unánime al reiterar que la adquisición de Antofagasta por Chile era inalterable e in perpetum. Sin embargo, se reiteraba que Chile veía favorablemente la posibilidad de satisfacer, mediante negociaciones bilaterales, la aspiración boliviana para contar con un puerto propio una vez que la cuestión fronteriza en el norte de Chile se hubiera definido.(23)

A fines de 1923, Collier informó a Washington que "El Mercurio" expresaba su preocupación ante algunas amenazas bélicas hechas por autoridades de Bolivia y a maniobras militares de su ejército, bajo la dirección de instructores alemanes, próximo a las cercanías de la frontera de Antofagasta. Añadía que el Encargado de Negocios boliviano en Santiago había aclarado al Canciller chileno que los reportes al respecto eran falsos.(24)

BOLIVIA PIDE A ESTADOS UNIDOS EJERCER BUENOS OFICIOS ANTE CHILE

La negativa chilena a revisar el Tratado de 1904 significaba para Bolivia el fracaso del dialogo bilateral al que había sido invitado en forma solemne por Chile en Ginebra. La sugerencia chilena de hablar únicamente sobre aspiraciones a satisfacerse en la zona norte de Tacna y Arica, significa obviamente involucrar al Perú que también tenía intereses y derechos en esa región. La sugerencia de Chile, de hecho, reconocía la necesidad de ampliar el número de participantes en la negociación. El Gobierno boliviano del Presidente Saavedra se sentía ligado y muy leal al Perú y no aceptaba interferir en las aspiraciones peruanas. A su vez, estaba consciente que fué Chile precisamente quien se opuso a la participación de Bolivia en la Conferencia de Washington. Ante estas consideraciones el Gobierno de La Paz decidió abandonar la negociación directa y acudió al Gobierno de Estados Unidos para que ofrezca su buenos oficios ante las autoridades de Chile para revisar y modificar el Tratado de 1904.

El diplomático Jaimes Freyre viajó a Washington y solicitó al Departamento de Estado que los Estados Unidos ofrezcan sus buenos oficios y así, el 2 de marzo de 1924, Jaimes Freyre se reunió con el señor White, Jefe de la División de Asuntos Latinoamericanos, y le hizo una explicación completa tanto de la situación histórica, jurídica y política de Bolivia, Chile y Perú, como de su gestión en Santiago.

Posteriormente, Jaimes Freyre se reunió con el Secretario de Estado, Charles Hughes, el 5 de mayo y le expuso la solicitud boliviana en el contexto de la situación latinoamericana. El Secretario de Estado dijo al diplomático boliviano que los Estados Unidos podrían ejercer buenos oficios solamente si las dos partes interesadas lo requerían y que a esto Chile se oponía. Jaimes Freyre sugirió que el Presidente americano invitara a los Presidentes de Bolivia y Chile a resolver sus diferencias y que Bolivia aceptaría de inmediato tal invitación, esperando que la misma brindaría una oportunidad a Chile para solucionar la cuestión. Según Jaimes Freyre, el propio Presidente Alessandri le había afirmado repetidamente su deseo de resolver esa controversia. Hughes comunicó al Ministro Jaimes Freyre que la invitación de Estados Unidos a Chile y Perú se había hecho luego que estos dos países lo habían manifestado previamente y que en la Cuestión Tacna-Arica, Estados Unidos no intervenía con sugerencias sino simplemente se limitaba a ser anfitrión de la Conferencia.

Jaimes Freyre pidió a Hughes si le podía mencionar entonces, en que casos los Estados Unidos podrían influir, o si mas bien, era una decisión de no participar en disputas entre países de América Latina salvo que fuese llamado por ambas partes. Hughes dijo que no podía responder preguntas hipotéticas ni tampoco prescribir reglas de comportamiento a sus sucesores y que por el momento el Gobierno americano decidiría únicamente sobre los méritos de cada caso que se le presentase. Al finalizar la entrevista, Hughes reiteró que Estados Unidos lamentaba profundamente estar impedido de ofrecer sus buenos oficios para resolver esta controversia debido a que Chile no se los había pedido y no preveía que lo hiciese así en el futuro inmediato.(25)

DEL FRUSTRADO PLEBISCITO A LA PROPOSICION KELLOGG

El Presidente Coolidge designo el 23 de marzo de 1923 una Comisión para encargarse del plebiscito, encabezada por el Gral. John Pershing. El día 24, Chile nombró a su delegado, Agustín Edwards, el Perú no hizo conocer la designación de Manuel Freyre hasta el 18 de junio. La Comisión empezó a reunirse en Arica desde el 5 de agosto, tratando la posición de Chile y las reclamaciones del Perú sobre las intimidaciones efectuadas por Chile en contra de la población peruana y otros actos que dificultaban el plebiscito.(26)

A fines de agosto, Pershing concluyo que sería preferible buscar un acuerdo diplomático a dicha controversia, en lugar de insistir en el plebiscito. Pershing consultó privadamente el 27 de agosto, a Agustín Edwards si Chile podría ponerse de acuerdo con Perú para entregar Tacna y Arica a Bolivia. Edwards respondió que Chile no lo podría aceptar como propia iniciativa ni como fruto de un arreglo entre los tres países. Sin embargo, al insistir en que se dé prioridad al plebiscito, dejó abierta la posibilidad de presentarse la sugerencia por una potencia ajena al conflicto. Para Chile, efectuar el plebiscito se convirtió en un acto de dignidad nacional, al extremo que, el Presidente Alessandri le mencionó a Pershing que si éste no se lo realizaba, el se vería obligado a suicidarse.(27)

Debido a que Pershing veía tantas dificultades y no se animaba a tomar disposiciones para efectuar el plebiscito, Chile decidió aceptar, en octubre de 1925 un arreglo diplomático sustitutivo del plebiscito. El Canciller Barros dijo al Embajador Collier que la mejor posibilidad para un arreglo diplomático sería la división del territorio, dejando el área norte y la ciudad de Tacna para el Perú y el área sur con Arica para Chile; en este arreglo Chile estaría dispuesto a declarar neutral toda la provincia de Arica y conceder al puerto el status de puerto libre para Bolivia y el Perú, a la vez de internacionalizar el ferrocarril Arica-La Paz.

Kellogg estaba también seguro que un arreglo sería mejor que el plebiscito, aunque temía que el Perú insistiría en este último, pues contaba con informaciones que Leguía creía que lo ganaría y así podría propinar una derrota moral a Chile. Por estos motivos, Kellogg declinó efectuar la propuesta y sugirió que sea Chile, para mostrar su sinceridad en el arreglo, el que proponga una solución diplomática.

El Embajador Collier informó a Kellogg el 28 de noviembre que personalidades y grupos poderosos e influyentes en Chile y que no integraban el Gobierno, eran partidarios de un arreglo diplomático directo que debía incluir la partición de territorios o la venta del mismo a Bolivia, con garantías políticas y financieras de los Estados Unidos. Collier incluía en este grupo a Presidente electo de Chile, señor Figueroa. Añadía Collier que luego de un profundo análisis sobre el problema, había llegado a la conclusión de que los pueblos del Perú y Chile no podrían vivir nunca en armonía si no aceptaban partir Tacna y Arica e incluían una cesión a Bolivia.(28)

La posición de Collier no era original, ya que coincidía con los editoriales de varios periódicos chilenos , especialmente el "Diario "Ilustrado", en sentido de incluir a Bolivia en la solución y donde se pedía a Estados Unidos intervenir ante Perú para que se acepte la presencia boliviana en el arreglo final de toda la cuestión del Pacífico. El Mercurio, ligado a Edwards, era partidario firme del plebiscito y se oponía a un arreglo con Bolivia.(29)

A mediados de diciembre, el Embajador Collier transmitió una extensa comunicación al Secretario de Estado con algunas consideraciones sobre la cuestión con Bolivia. mencionaba Collier que el Encargado de Negocios de Bolivia, señor Salinas Lozada, había sido transferido como Plenipotenciario ante los Gobiernos de Uruguay y Paraguay. Salinas Lozada dejaba Santiago muy optimista, ya que Chile tenía muchas dificultades para efectuar el plebiscito y habían indicaciones muy serias en sentido de lo que perdería. Collier informaba que Salinas Lozada le confió que el Presidente electo Figueroa le manifestó anteriormente que Chile debería aceptar la entrega de Tacna a Perú y de Arica a Bolivia. Collier transmitió a Kellogg el pedido de Salinas Lozada para que se averiguara, mediante las Cancillerías de Uruguay o Brasil, qué posición tenía verdaderamente Figueroa. En caso de ser cierto, los Estados Unidos podrían proponer-- mediante Uruguay esa solución al Perú, confirmando que Chile la habría ya aceptado, pues de otra manera, Perú seguramente la rechazaría. El Encargado de Negocios de Bolivia también hizo saber a Collier que Bolivia no aceptaría dar a Chile compensaciones territoriales a cambio de Arica y que tal vez se podría pensar en concesiones comerciales.

Collier decía que los mismos conceptos le fueron presentados por el Ministro uruguayo en Santiago, quien además le mencionó la creciente impopularidad del General Pershing en Chile. Para terminar el Embajador americano resumía la situación como sigue:

"Si Chile ganara el plebiscito seguramente negociaría con Bolivia ofreciéndole un puerto por un precio exorbitante que haría fracasar la negociación. Si Perú ganara el plebiscito, otorgaría a Bolivia únicamente un acceso provisional y a cambio del mismo pediría a Bolivia la ayuda necesaria para reconquistar otro territorio (Tarapacá).

Seguramente Chile preferirá entregar Arica a Bolivia antes que perderla en el plebiscito, a fin de ganar el favor de Bolivia ahora y privilegios comerciales posteriormente.(30)

Al iniciarse el año 1926, el _secretario Kellogg envió instrucciones a su Embajador en Lima, señor Poindexter, anunciándole que tenía informaciones en sentido que el Gobierno de Chile parecía desear un arreglo pacífico por medio de un compromiso en lugar del plebiscito y que Chile aceptaría la solución total del problema incluyendo la participación de Bolivia. Kellogg transcribía partes de la correspondencia de Collier al respecto y pedía a Poindexter hacerle conocer cual sería la posición del Presidente peruano. Decía que Argentina y Uruguay estarían favorablemente dispuestos a prestar su compromiso de suspender el plebiscito y de esta forma preservar el prestigio de los Estados Unidos, puesto que este país, según el Secretario Kellogg, al ser el árbitro no podía presentar ninguna otra solución que no fuera el plebiscito.

En esta línea de acción el Ministro americano en Montevideo, señor Grant Smith, informó a Kellogg que el Canciller uruguayo sostendría con su colega de Argentina consultas sobre las posibilidades que un grupo de países compuesto por Argentina, Brasil y Uruguay, extendieran una invitación a Chile y Perú para suspender el arbitraje y lograr un compromiso pera para esto se necesitaría conocer la posición oficial de Kellogg.

El 9 de enero Kellogg envió las instrucciones a sus representantes en Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires, para buscar una amigable intervención; igualmente, convocó a los embajadores de estos tres países en Washington y les hizo consultas en el mismo sentido. El mismo día, Kellogg recibió un mensaje en el que Poindexter le anunciaba que el Representante boliviano en Lima le dijo que el Presidente Leguía estableció que, si el Perú ganaba el plebiscito, le transferiría a Bolivia un puerto en Arica. ante este anuncio, Poindexter buscó a Leguía para confirmar la versión y el Mandatario peruano le confirmó añadiendo que estaba dispuesto a sostenerlo por escrito, y así lo anunció públicamente en un discurso.(31)

El Ministro americano acreditado en Montevideo, informó a Kellogg el 11 de enero, que su colega del Brasil le anunció que este país se oponía por el momento a una solución del problema de Tacna y Arica que contemplase otorgar a Bolivia una salida al Océano Pacífico, puesto que Brasil tenía mucho interés en canalizar el tráfico del comercio boliviano por puertos en el Atlántico, a través de una conexión ferroviaria que Brasil estaba obligado a construir, de acuerdo a un convenio bilateral.(32)

En esos días, el General Pershing considerando las dificultades para efectivizar el plebiscito asó como por sufrir de una penosa enfermedad dental, renunció a presidir la Comisión Plebiscitaría, siendo sustituido de inmediato por el General William Lassiter, Comandante del Ejército americano en la Zona del Canal de Panamá.

En febrero de 1926, surgieron nuevos problemas sobre las condiciones de elegibilidad de quiénes podrían ser los electores en el plebiscito, además de nuevas quejas peruanas contra la violencia desatada por autoridades y población chilenas en la región. El General Lassiter pidió a Kellogg que Estados Unidos dé por cancelado el plebiscito y recomendó aclarar públicamente que Chile era responsable que todas las interferencias que imposibilitaban efectuarlo.

El nuevo Canciller de Chile, señor Mathieu llamó al embajador Collier y le comunicó que su Gobierno estaría de acuerdo en ceder en forma inmediata Tacna al Perú, pero no estaba por el momento, en condición de transferir Arica a Bolivia. sin embargo, una vez que Chile consiguiera perfeccionar su título de dominio sobre la misma, podría negociar con Bolivia l accesión de un puerto a cambio de compensaciones adecuadas y privilegios comerciales adicionales. Collier consultó sobre la conveniencia de invitar a Bolivia a participar en la solución de la Cuestión de Tacna y Arica, a lo que Mathieu se negó, pues dijo que esto indudablemente complicaría cualquier negociación con el Perú. Collier consultó entonces si Chile aceptaría entregar a Bolivia un corredor paralelo a la vía del ferrocarril Arica-La Paz, con una dimensión de cinco kilómetros de ancho a cada lado de la vía, lo que haría un total de diez kilómetros de ancho, a lo que el Canciller Mathieu dijo que podría considerar si la mayor parte de Arica quedaba en Chile.(33)

El día 22 de mayo el Embajador argentino en Washington solicitó una reunión de urgencia con el Secretario de Estado, la que se efectuó en la misma fecha a horas 19:00. Honorio Pueyrredón, indicó al Secretario Kellog que no tenía instrucciones de Buenos Aires pero creía que el Gobierno argentino apoyaría la sugerencia si se llegase a un acuerdo. Dijo que había que garantizar la paz en la región y que luego de conversar con los representantes de Bolivia, Chile y Perú en Washington creía que se debería explorar una solución de compromiso en la que Bolivia reciba territorios den Tacna y Arica que le permitan recuperar su salida al Océano Pacífico, para esto Bolivia debería conceder también compensaciones territoriales, tanto al Perú como a Chile. Si los Estados Unidos aceptaba esta sugerencia, Argentina la podría proponer oficialmente.(34)

Unos días después, el 25 de mayo, el Ministro Jaimes Freyre visitó al Secretario Kellog y le anunció que Bolivia y Chile estaban negociando la transferencia a Bolivia de un puerto que podría ser Mejillones, Pisagua o Arica con compensaciones financieras que se cancelaría a Chile, y que esta gestión la inició Chile mediante su Legación en La Paz. Jaimes Freyre reiteró que también sería oportuno permitir a Bolivia participar en las conversaciones entre Chile y el Perú. Kellog declinó invitar a Bolivia y recordó que la participación de los Estados Unidos se dirigía únicamente a efectuar el plebiscito y que si invitaba a Bolivia, posiblemente resentiría su papel neutra ante Chile y el Perú. Añadía sin embargo, que no veía ningún óbice a que Bolivia pudiera efectuar negociaciones separadas con una o las dos partes en conflicto. Jaimes Freyre reiteró que la negociación entre Bolivia y Chile ya estaban en curso pero que sería mejor si Estados Unidos pudiera ofrecer sus buenos oficios. Kellogg nuevamente declino aceptar la petición si es que no era presentada por todas las partes interesadas.(35)

Debido a la total paralización de actividades destinadas a efectuar el plebiscito, el Secretario Kellogg, asesorado por Lassiter y el Ex-Secretario Hughes, ofreció sus buenos oficios al Perú y Chile para buscar otra solución al diferendo. Como primera medida hizo el planteamiento de que Tacna y Arica sean declaradas neutrales y zonas de libre comercio con autonomía y gobierno local. Este sería presidido por un triunvirato con jurisdicción propia sobre la administración judicial, policial y tributaria. El Perú, Chile y Bolivia formarían un fondo de fideicomiso que serviría también para arbitrar las disputas que se diesen en esos territorios.(36)

A principios de abril, el Embajador Collier envió informes al Secretario Kellogg, sobre las declaraciones del canciller chileno a la prensa:

"El procedimiento de buenos oficios está limitado a las diferencias entre Chile y Perú. El asunto para conseguir un arreglo amigable con Bolivia es el objeto de conversaciones satisfactorias entre el Gobierno de Bolivia y el Ministro chileno en La Paz".

El Embajador Collier añadía que, el Canciller chileno deseaba, para ganar la amistad y gratitud de Bolivia, lograr un acuerdo subsecuente mediante negociaciones que daría a este último país un puerto y a Chile compensaciones materiales; por este motivo, Chile se oponía al plan o a la propuesta de neutralización de Kellog.(37)

El 10 de abril Kellogg informó a Collier que Lassiter se entrevistó con Edwards en Arica, quien le manifestó que Chile estaba seguro de ganar el plebiscito y que consideraría entonces hacer algo por Bolivia. Kellogg añadía que se entrevistó con el Embajador chileno Cruchaga quién le anunció que se debería esperar alguna proposición chilena que incluiría a Bolivia.(38)

Cottrell informó a Kellogg desde La Paz que el nuevo Canciller Alberto Gutiérrez lo invitó a una audiencia y le informó que luego de asumir su investidura en marzo, dió consideración a varias ideas sobre cómo conseguir una salida al mar por Arica, apoyando esta proposición no sobre las bases anteriores de tipo histórico, sinó más bien proponiendo a las partes en disputa la compra directa del territorio.

En ese sentido había instruido a las legaciones bolivianas en Santiago y Lima; acotando que Chile había respondido de inmediato que aceptaría la venta, una vez se reconociera en las negociaciones, la posesión chilena de Arica como legítima. Dijo que Perú había respondido afirmativamente que vendería a Bolivia la aparte del territorio en disputa, ubicada al sur de Arica. el Canciller Gutiérrez había instruido nuevamente a sus legaciones en Lima y Santiago aclarar que Bolivia no quería el territorio al norte o al sur de Arica, sino simplemente un territorio adecuado y suficiente para proveer una salida al mar, sobre bases de una simple transacción que podría comprender el territorio situado entre ambos países. al no tener respuesta a esta segunda proposición, Bolivia solicitaba a LOS Estados Unidos sus buenos oficios para conseguir mediante compra o venta un puerto soberano para Bolivia.(39)

El embajador Collier propuso desde Santiago el 11 de abril que Kellog presente a los embajadores de Chile y Perú la siguiente fórmula:

"En vista de falta de acuerdo entre las partes para efectuar una división equitativa del territorio, el mediador sugiere que en interés tanto de la paz internacional como reencuentro cordial entre los mismos, consideren aconsejable y mutuamente aceptable un sacrificio conjunto, que otorgue una nacionalidad independiente a los habitantes del territorio o su cesión a Bolivia, dando así cumplimiento a las repetidas y públicas declaraciones hechas desde que comenzaran los procedimientos plebiscitarios por voceros representativos de ambos países, que considerarían las aspiraciones bolivianas por un puerto en el Pacífico con toda simpatía".(40)

El Secretario Kellog comunicó en fecha 12 de abril a Collier y Poindexter que indudablemente la situación de Bolivia estaba tanto en la mente de los negociadores peruanos como de los chilenos, aunque no se animaba a plantear por sí mismo esto sin estar previamente seguro, e instruía a sus representantes para que busquen en forma confidencial la opción de ambos Gobiernos sobre la sugerencia de incluir a Bolivia en la solución de la cuestión Tacna-Arica. Collier respondió el mismo día que el Canciller Mathieu personalmente deseaba transferir toda la Provincia de Arica a Bolivia, y que necesitaría unos día para convencer al Presidente y a los Comités de Relaciones Exteriores del Senado y la Cámara de Diputados sobre la citada solución.

El 13 de abril, Kellogg pedía al Embajador Poindexter confirmar la veracidad y términos de los discursos pronunciados por el Presidente Leguía en fecha 9 de abril, en un banquete ofrecido al Vicepresidente de Bolivia. En el mismo Leguía había reiterado la invitación a reavivar nuevamente la amistad peruano-boliviana trazada a lo largo de la historia, especialmente durante la Guerra del Pacífico; invitación que fué agradecida y aceptada por el Vicepresidente de Bolivia. Kellogg decía estar preocupado por esto, pues Chile estaba temeroso de una alianza destinada a provocar un nuevo conflicto bélico.(41)

Kellogg convocó a una reunión a los delegados chilenos y peruanos el 15 de abril y les presentó en términos confidenciales la siguiente proposición:

"El Secretario de Estado tiene el honor de sugerir en interés de la paz internacional y de un reencuentro entre las partes, para que consideren la conveniencia de un sacrificio mutuo y conjunto por el cual:

(1) Los territorios de Tacna y Arica se erigirán en un estado neutral, que será independiente o bajo el protectorado de Estados sudamericanos a ser acordados, o (2) las provincias de Tacna y Arica serán transferidas ( con las debidas compensaciones equitativas o los arreglos económicos a determinarse) a un Estado Sudamericano que no es parte en estas negociaciones".

El Representante peruano Valverde aceptó la primera proposición y se opuso a la segunda, pues consideraba que la entrega a un tercer estado, que se suponía sería Bolivia, no consultaba la voluntad de los habitantes de los territorios, Kellogg le respondió que las autoridades de Chile y Perú en forma reiterada habían manifestado su acuerdo a que Bolivia tenga una salida al mar y ésta era precisamente la ocasión de probarlo. El Ministro chileno Cruchaga dijo que no podía opinar y pidió tiempo para efectuar consultas a Santiago.(42)

Collier informó a Kellogg que se entrevistó con el Presidente y el Canciller chilenos el 17 de abril, quienes dijeron que Chile consideraba inaceptable la neutralización de Tacna y Arica o la creación de un estado independiente y añadían que el rechazo inicial de Perú a la cesión de territorios a Bolivia hacía innecesario para Chile pronunciarse al respecto. Collier insistió que Chile demostraba su buena voluntad ahora, los bolivianos lo reconocerían y otorgarían su amistad y agradecimiento permanente a Chile. El Presidente Figueroa le dijo que no podía considerar la propuesta anterior pues estaba temerosos que Leguía hubiera logrado o estuviera en proceso, de lograr una alianza con Bolivia para recuperar los territorios perdidos la Guerra del Pacífico. entonces, Mathieu le sugirió que Kellog hiciera públicas la proposiciones ya que siendo éstas confidenciales no podían negociarse internamente.(43)

El Gobierno de Chile adelantándose a cualquier decisión al respecto, filtró las proposiciones a toda la prensa en Santiago, la misma que las ridiculizó. Kellogg cotraatacó anunciando que la idea de neutralización de los territorios fue originalmente propuesta por Edwards a Pershing.

Collier escribió a Kellogg el 18 de abril que Mathieu todavía creía posible transferir Arica a Bolivia, aunque requería mas tiempo para crear el ambiente necesario en Santiago. Collier pensaba que un acuerdo directo con Bolivia y pidió a Kellogg que por una parte Estados Unidos influya en Bolivia para que no acepte ningún acuerdo con Chile - al margen de la mediación americana - y por la otra parte, Kellogg presente una nueva proposición para que se dividan las provincias o se efectúen plebiscitos separados en cada una. En ese sentido, Collier sugirió al Ministro boliviano en Santiago, que Bolivia haga público que no estaba en tratativas secretas con Chile.(44)

El mismo día en Washington, el Plenipotenciario Velarde al visitar a Kellogg, le dijo que el Perú reiteraba que aceptaba la primera alternativa de Kellogg propuesta el pasado día 15 y aclaraba que Perú no rechazaba totalmente la segunda, y tenía instrucciones de Lima para proponer una solución que combine las dos alternativas. El Perú proponía la neutralización del territorio con excepción de una faja al sur de Arica que sería transferida a Bolivia. Velarde pidió que la sugerencia no se presente a Chile como peruana y se hiciera constar a Chile que el Perú no se oponía a la segunda alternativa de Kellogg referente a ceder territorios a Bolivia.

Kellogg consultó a Collier si sería aconsejable pedir en ese momento a la Argentina, Brasil y Uruguay que intercedan sobre Chile y Perú para que éstos acepten las proposiciones formuladas por el Secretario el 15 de abril.(45)

Al día siguiente, 19 de abril, el Presidente de Bolivia, Hernando Siles, hizo público el siguiente telegrama dirigido al Presidente Calvin Coolidge:

"Estoy en el deber de expresar a V.E. el contento del Gobierno y pueblo bolivianos por la sugestión del Secretario de Estado de la Gran República a los Excelentísimos Gobiernos de Chile y el Perú para que en el debate sobre Tacna y Arica o en sus resultados, se tengan en cuenta los anhelos portuarios de Bolivia. Esa alta inspiración concuerda con el ofrecimiento hecho a mi Gobierno por el de la Moneda, del puerto de Arica u otro perteneciente a la soberanía chilena, a fin de que Bolivia lo obtenga por compensaciones aduaneras o pecuniarias; y concuerda asimismo con la generosa participación que el Excelentísimo Gobierno de Lima brindo al de La Paz, de un puerto en la propia zona litigiosa, sujeta a la potestad del Arbitro. No podría conciliarse esa plausible conducta de Chile - que repararía en parte el injusto y torpe desgarramiento que sufrió Bolivia -, con el obstáculo que Chile le opusiera a las deliberaciones de Washington. si Chile se muestra dispuesto a proporcionar a mi patria el puerto de Arica, que no pertenece exclusivamente a Chile y depende de su controversia insoluble con el Perú; si se ofrece ese puerto, es claro que vincula a Bolivia a las expectativas del pleito sometido a las luces del Arbitro. Contradictorio resultaría en verdad, que se hable de Arica y se discuta sobre él, prescindiéndose al propio tiempo de la única jurisdicción internacional que decidirá acerca de la suerte de ese puerto, la instituida en la capital de la Unión. Con tal convencimiento, he declarado al Excelentísimo gobierno de Santiago, que el mío insiste en que las conversaciones comenzadas en ese orden determinen de inmediato la presencia de Bolivia en Washington, careciendo de objeto el proseguir toda gestión directa. La Gran República, que posee influencia directiva en los destinos de América, contribuirá así a que se resuelva la vieja cuestión del Pacífico, que afecta a tres y no dos pueblos, de los cuáles, ninguno como el que tengo la honra de presidir, sufrió más dolorosamente por mutilación marítima, los estragos de la guerra.- Presentó a V.E., por la mencionada proposición de la Secretaría de Estado a Chile y el Perú, el testimonio de mi consideración agradecida.-"

Collier informó el 20 de abril a Kellogg que el Canciller Mathieu mostraba estar más asequible para una solución y había sido informado que el Perú aceptaba las dos proposiciones de Kellogg, además que estaba consciente que Bolivia, con el mensaje del Presidente Siles, no se prestaría a un acuerdo directo. Collier aconsejaba no incluir ningún otro país en las conversaciones de Washington, excepto a Bolivia.

Sugería entonces que Kellogg debería lograr lo siguiente:

1) Conseguir que la sugerencia peruana sobre una faja al sur de Arica, abarque todo el Departamento de Arica y que el Departamento de Tacna sea declarado distrito neutral.

2) Que Perú acepte, en menor proporción, la compensación que Bolivia cancele, con la mayor parte asignada a Chile quien también tendrá compensaciones por el ferrocarril y obras públicas y municipales que construyó.

3) Pienso que se puede conseguir esto del Perú porque elimina a Chile de la región y usted debe amarrar al Perú en esto.

4) Cuando se asegure al Perú en esto, pondremos máxima presión a Chile para que acepte esto o alguna otra solución que contemple Tacna como parte del Perú y no como estado o distrito independiente.(46)

Collier reportaba días más tarde que entrevistó a Mathieu el 24 de abril y sugería a Kellogg llevar adelante el siguiente plan con el cual estaría de acuerdo Mathieu:

"1- Obtener el consentimiento del Perú para ceder la provincia de Arica a Bolivia.

2- En consideración a la reintegración de toda la provincia de Tacna al Perú, este país aceptará los ejercicios de buenos oficios simultáneos para que Chile y Bolivia logren acuerdos preliminares sobre las compensaciones.

3- Cuando Chile y Bolivia hayan logrado acuerdos entre sí, reportarán al Secretario de Estado; entonces los representantes de Bolivia, Chile y Perú procederán a redactar conjuntamente los protocolos necesarios.

Estoy seguro que Bolivia y Chile concederán libre tránsito a Tacna por Arica y un régimen especial de intercambio de productos locales. El acuerdo, deberá también proveer la desmilitarización del Morro, en el cual podrá erguirse un monumento internacional a los héroes y sería un símbolo de paz, bajo régimen soberano internacional".(47)

El presidente Coolidge respondió el 26 de abril al Presidente Siles, diciendo que tomaba nota de lo planteado por Siles, pero debido a que las conversaciones ante el árbitro eran solamente entre Chile y Perú, a sugerencia de Kellogg, no podía aceptar invitar a otros países a participar, pues sólo podía actuar dentro del marco dispuesto por el Protocolo de Arbitraje. Kellogg envió copia de esta nota a Collier y le instruía disociarse de toda complicidad en el origen de la nota de Siles, pues no quería que Chile culpe a Estados Unidos del fracaso de sus negociaciones directas con Bolivia y tampoco deseaba se especule al respecto. añadía que el Embajador chileno le había manifestado que la intervención negativa de Estados Unidos entre Bolivia y Chile había tenido un efecto desastroso en Chile y que esa desafortunada acción cerraba toda posibilidad a una solución futura con Bolivia pues Chile rehusaría todo arreglo.

El enviado Collier desde Santiago, respondió de inmediato que la nota de Siles era un primer paso positivo para incluir a Bolivia en la solución del conflicto. Que la molestia del Embajador chileno Cruchaga mostraba que Chile al no poder seguir negociando directamente con Bolivia, habíase debilitado en su posición. El mismo día, Collier informaba luego que el asesor del Ministro de Comercio le reiteró que en Chile, la mayor parte de la gente estaba por una solución de buenos oficios y que Chile deseaba reanudar negociaciones directas con Bolivia por razones de "amor propio".(48)

A fines de abril Kellog escribió a Collier que luego de una larga conversación, Cruchaga le sino que era partidario - personalmente- de una solución que contemple entregar la provincia de Tacna al Perú y la de Arica a Bolivia, con el requisito que Bolivia debería dar compensaciones a Chile y Perú. Estos arreglos deberían ser parte del acuerdo final de la negociación de buenos oficios. Cruchaga añadió que esta solución la recomendaría a Mathieu aunque dudaba que la misma sería aceptada por el Canciller chileno.

En los primeros días del mes de mayo, Kellogg envió instrucciones a Poindexter en las que resumía la situación como sigue:

"1- Chile había aceptado la división de los territorios.

2- Perú había rechazado la división de los mismos

3. Perú aceptaba la neutralidad del territorio.

4- Chile no había respondido acerca de la neutralización

5-Perú aceptaba conceder a Bolivia una salida soberana por el sur de la provincia de Arica.

6- Chile todavía no ha respondido a la segunda alternativa de la proposición del 15 de abril.

7- Senado de Chile aprobó resolución que insiste que plebiscito debe efectuarse.

8- Por todo lo anterior, parece que Chile no aceptará las proposiciones del 15 de abril. En esta situación Perú debe aceptar la solución que permita la división del territorio. Esto abrirá las puertas a varias posibles soluciones; entre ellas, la división entre Chile y Perú o entre Bolivia, Chile y Perú..

...El tiempo ha llegado para que este asunto sea apreciado de una manera amplia, donde prejuicios y antagonismos se olviden y podamos conseguir todos los esfuerzos para lograr una solución definitiva a esta Cuestión. Creo que puede lograrse y será muy satisfactorio conseguir la división del territorio, especialmente si se concede a Bolivia un corredor al mar por Arica que debe incluir el ferrocarril... Sírvase hablar de esto con el Presidente Leguía, consiguiendo su aceptación a dividir el territorio".(50)

El Embajador Poindexter respondió el 11 de mayo que había entrevistado a Leguía y éste se negaba a conceder una aceptación expresa a la división de las provincias, sin embargo, reiteraba que la propuesta peruana ya contemplaba el espíritu de la división, pues cedería a Bolivia la parte sur de la provincia de Arica con la Bahía de Vitor. esta bahía se uniría a Bolivia por un corredor incluyendo el ferrocarril Arica-La Paz, con una variante a ser construida al este de Arica, ya que esa ciudad junto al Morro quedaría en posesión del Perú. Decía Leguía que para efectos de la opinión peruana, no convenía hablar de partición territorial sino más bien de cesión a Bolivia. Kellogg requirió que Poindexter consiga por escrito la proposición anterior de Leguía y se estudie la posibilidad de internacionalizar o neutralizar el Morro. Con este motivo, Leguía respondió con un memorándum estableciendo que "ante la oferta de una fórmula de negociación hecha por el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Perú ratificaba: 1) La propuesta hecha a Bolivia de otorgarle en el territorio del plebiscito un corredor al mar; 2) Chile recibiría el territorio al sur del corredor y 3) Perú recibiría el territorio al norte del corredor".(51)

Kellogg no entendió la comunicación anterior y pidió explicaciones, especificando que necesitaba conocer exactamente qué pensaba Leguía sobre el futuro de la ciudad de Arica. Poindexter replicó que Leguía envió instrucciones a Velarde en Washington y que Leguía confirmaba que Arica quedaría en la porción asignada al Perú. Poindexter le había dicho a Leguía que tal vez sería difícil conseguir la ciudad para el Perú, pero que en ese caso, se podría pensar en incluirla, a lo que Leguía se opuso. Sin embargo el Embajador americano aconsejaba a Kellogg que tal vez se podría, posteriormente, convencer a Leguía sobre este asunto.(52)

El Secretario Kellogg informó a Collier que había negociado con el Perú en Lima y posteriormente con Cruchaga en Washington y en ese sentido estaba optimista, pues creía en una pronta solución que contemplaría la división del territorio, dejando la parte norte de Tacna al Perú y la zona al sur sería entregada a Bolivia, compartiendo el mérito de la cesión a Bolivia ambos países: Perú y Chile. Cruchaga había aconsejado a Kellogg que esta sería una buena solución pero muy difícil de ser aceptada por la opinión pública de Chile; recomendaba que las compensaciones de Bolivia a Chile, se incluyeran en el acuerdo final de toda la cuestión y que en ese sentido recomendaría a Mathieu.

El Embajador Cruchaga visitó nuevamente a Kellogg en fecha 18 de mayo, y manifestando que Chile deseaba quedarse con toda la provincia de Arica y dejaría a Bolivia el corredor a ser ubicado en la línea del ferrocarril hacia el norte, hasta el territorio peruano de Tacna. Kellogg respondió que la proposición no sería aceptada por el Perú y despejó toda duda que el ferrocarril Arica-La Paz de ninguna manera quedaría en territorio peruano.

Posteriormente, el 21 de mayo, la Embajada de Chile envió a Kellogg copia del telegrama del Canciller Mathieu a Cruchaga en el que se pedía a Kellogg que presente formalmente un plan concreto y detallado de solución para ser debidamente estudiado. Por otra parte, reiteraba que Chile no podría ceder al Perú o a Bolivia la ciudad de Arica o los territorios al sur del ferrocarril Arica-La Paz que estaban poblados por chilenos. Reiteraba la oposición de Chile a incluirse a Bolivia en las tratativas en curso, pues las únicas partes en disputa eran Chile y Perú, además Chile ya había solucionado todos sus problemas con Bolivia mediante el Tratado de 1904. Acotaba que una vez logrado el acuerdo con Perú, vería si le era conveniente lograr un acuerdo separado con Bolivia para fortalecer los estrechos lazos de amistad que tenía con Bolivia gracias precisamente al Tratado de 1904. El Canciller chileno dejaba establecido que:

"a) Aceptamos la división del territorio en base a los actuales límites departamentales de Tacna y Arica, manteniendo Chile la posesión de la línea del ferrocarril.

b) Si se nos insiste mucho, concederemos a Bolivia un corredor que tendrá la frontera norte de Arica como eje.

c) Para evitar que la línea del ferrocarril quede dentro del corredor, su anchura deberá ser restringida hacia el norte, a ser completada con lo que corresponde al Perú"..

Kellogg se molestó profundamente con la posición chilena, afirmaba que era ridículo pretender entregar a Bolivia una faja sin el ferrocarril y sin puerto y llamo a Cruchaga para hacerle conocer su malestar. Cruchaga le dijo que tanto el como el Canciller chileno comprendían, pero que las instrucciones del Presidente eran terminantes pues el Ejército de Chile y la opinión pública estaban muy molestas con las noticias sobre la negociación en la que Chile aparecía perdiendo prestigio. Kellogg envió entonces a Collier, una nota enérgica a presentarse al Canciller chileno en la que hacía un recuento de toda la negociación y también se refería a los problemas para efectuar el plebiscito. El Secretario criticaba la posición inconsistente de Chile y como él decía, la oferta a Bolivia de una franja estrecha y sin el ferrocarril constituía únicamente un cintillo de tierra que no llegaba a puerto ni ofrecía una salida a Bolivia, por consiguiente, era poco práctica y recordaba que la incorporación de Bolivia en la solución a esta cuestión, se fundamentaba en que ni Chile ni Perú separados, podrían llegar en forma de un acuerdo a que Bolivia no resienta al otro. La satisfacción de la aspiración boliviana debería ser acreditada conjuntamente a los dos países. Kellogg al finalizar la nota invitaba a Chile a reconsiderar su posición.

El Embajador Collier respondió a Kellogg que había cumplido sus instrucciones y Mathieu había sugerido que Chile podría aceptar ceder a Bolivia un corredor de cuatro kilómetros de ancho que incluiría la parte norte de la ciudad de Arica, sin embargo Bolivia debería comprometerse a seguir utilizando el ferrocarril que quedaría en territorio chileno, Collier pensaba que Mathieu al igual que sus anteriores colegas, no era sincero y no quería dar una solución al problema con Bolivia y que las opiniones de las poblaciones en Santiago y Arica eran manipuladas para mostrar apoyo al plebiscito que creían se podría ganar, pese a que Mathieu había aceptado la suspensión del mismo, a cambio de los buenos oficios de Estados Unidos.(54)

Mientras Lassiter preparaba en Arica una declaración sobre el plebiscito, Cruchaga visitó al Secretario Kellogg y le dijo que Chile podría aceptar incluir el ferrocarril Arica-La Paz en el corredor boliviano. Kellogg le manifestó que no podría impedir que Lassiter haga pública la declaración de la Comisión, salvo que Chile muestre sinceridad, buena fé y deseo de llegar a un acuerdo. Collier a su vez informó que, Chile consideraba las proposiciones de Kellogg como poco equitativas pues perdería dos ciudades y el ferrocarril, mientras Perú recuperaría Tacna y Chile se quedaría únicamente con un pequeño desierto despoblado. Reiteraba una vez más que Chile decía oponerse a la inclusión de Bolivia en los procedimientos de buenos oficios.(55)

El Embajador Cruchaga reiteró variadas veces al Secretario de Estado que pese a la buena voluntad de Chile, demostrada en el curso de las negociaciones el Perú seguía sin aceptar el restablecimiento de relaciones diplomáticas y consulares, Chile reiteraba que todo arreglo final solo sería aceptado previo restablecimiento de ellas mismas. De igual manera el Embajador Collier en Santiago hacía conocer a Kellogg la preocupación del Gobierno chileno en este sentido.

El Secretario de Estado convocó el 4 de junio a los delegados de Chile y Perú a una reunión en la que les manifestó que el Gobierno de los Estados Unidos ofrecía sus buenos oficios a fin de poder encontrar una solución al diferendo de Tacna y Arica. Al respecto mencionó que una base de solución habían sido sus proposiciones efectuadas el 15 de abril de 1926, con este motivo, el Secretario quería reiterar algunas modificaciones a su segunda proposición, a fin de que en ambos casos las citadas proposiciones se mantuvieran como base de una posible solución, Kellogg sugirió modificar la segunda proposición de la siguiente manera:

"Los dos Gobiernos aceptan en principio como base de solución a las diferencias concernientes a las Provincias de Tacna y Arica y para discusión posterior en detalle:

a) La delimitación de un corredor que se extienda de la frontera boliviana al Océano Pacífico que será entregado a Bolivia, la que reconocerá el pago de compensaciones equitativas, en términos a ser acordados entre Chile y Perú.

b) Todo territorio en el área en disputa que se extienda al norte del corredor, se convertiría en parte del Perú.

c) Todo territorio en el área de disputa que se extienda al sur del corredor, se convertiría en parte de Chile.

d) Las anteriores disposiciones de entrega de territorio también comprendían el pago de justa compensación por las mejoras públicas efectuadas en los mismos.

e) Ningún gobierno que actualmente no es parte de las negociaciones, será admitido a participar en las mismas salvo acuerdo entre Perú y Chile".

El Embajador peruano dió su consentimiento a la fórmula presentada y enfatizó que el Perú deseaba facilitar el éxito en los buenos oficios y alcanzar una solución integral del problema, por consiguiente creía que la nueva propuesta de Kellogg abría las puertas para lograr una arreglo definitivo. Por su parte, el embajador chileno dijo que hubiera preferido que el Secretario haga una proposición concreta que incluya exactamente qué se le entregaría a Bolivia. Mencionó que las partes no sabían que le tocaría a cada una y preguntaba además qué significaba un corredor, también deseaba saber qué entendía Bolivia por un corredor. Por último añadió que si Bolivia no estaba de acuerdo con un corredor estaría demás discutir entre Perú y Chile dicha solución. Kellog dijo que se daba cuenta que cualquier corredor a ser cedido a Bolivia tendrá que ser definido, sin embargo, la sugerencia presentada en la reunión era de principio, el mismo que de ser aceptado debería servir para explorar recién los detalles del corredor. Para esto Kellogg preguntó si el Perú tendría sugerencias al respecto. El Embajador peruano respondió que su país aceptaba la proposición en principio y que no tenía sugerencias detalladas sobre el mismo, pero que entendía que la proposición de Kellogg abría las puertas para una nueva negociación.

El Embajador de Chile, reiteró que él no tenía sugerencias e insistía que la mera y vaga propuesta del Secretario Kellogg para entregar un corredor a Bolivia no era la forma correcta de buscar una solución y pedía al Secretario que presentara una propuesta detallada y definida. El Secretario replicó que él tenía la voluntad de hacerlo, pero previamente, necesitaba conocer si Chile y Perú estarían de acuerdo con el principio de dividir el territorio y de tener un corredor. Con referencia a Bolivia dijo que él no había tratado con este país el asunto pues entendía que previamente se necesitaba un acuerdo entre Chile y Perú. Por este motivo, creía que las ideas de detalle deberían ser más bien presentadas por las partes interesadas. El Embajador de Chile declaró que como el Perú había sido el primero en aceptar las sugerencias, entonces debería ser también el primero en presentar la forma detallada de hacer efectiva la proposición. El Embajador peruano intervino para decir que era Chile quien debía hacer conocer primero si aceptaba o no la proposición y que las soluciones detalladas debían ser hechas por ambos países. Kellogg insistió que su propuesta era de tipo técnico y no substancial y en ese sentido prefería conocer la opinión de ambos Gobiernos. Perú reiteró que la aceptaba y que haría todo lo posible para que en base a ella se logre el acuerdo definitivo. El Embajador de Chile dijo que necesitaba pedir instrucciones a su Gobierno por lo que pidió que la reunión se suspenda por uno días.(56)

Collier desde Santiago informo que el gran obstáculo a la solución del corredor para Bolivia era en realidad el Canciller Mathieu, quién sostenía que la mejor solución era entregar la totalidad de Tacna y Arica a Bolivia. por otra parte Collier decía tener información que el Ministro de Guerra anunció en Gabinete que si Arica era entregada a otro país que no sea Chile, habrá inmediatamente una revolución. Además Collier añadía que se habrá entrevistado con el Ministro boliviano en Santiago quién le dijo que a Bolivia no le convenía la solución de un corredor, y que tenia razones para creer en el Perú vendería ambas provincia a Bolivia una vez que recupera la posesión de las mismas. El Embajador Collier le dijo al Plenipotenciario boliviano que lo que él planteaba era una idea que tuvo su vigencia anteriormente pero que en esa fecha era totalmente obsoleta y que si Bolivia tenía algún chance de volver al Pacífico, sólo sería en ese momento gracias a los buenos oficios que le proporcionaran un corredor. (57)

El Secretario de Estado informó el 7 de junio al Embajador Collier sobre el resultado de la reunión anterior y le hacía el comentario que creía que Chile se oponía a una solución favorable a Bolivia, asimismo Kellogg veía con mucho pesimismo evitar una declaración negativa por parte de la Comisión Plebiscitaria. Dos días más tarde, el Embajador Cruchaga presentó al Secretario Kellogg la siguiente propuesta: 1- Chile reiteraba su preferencia a la realización del plebiscito, sin embargo, 2- aceptaba la división del territorio entregando el departamento de Tacna al Perú y el departamento de Arica a Chile; 3- proponía entregar a Bolivia un corredor de cuatro kilómetros de ancho que se extendería desde la frontera boliviana hasta el Villorrio de Palos en el Océano Pacífico; la faja del corredor correría paralela a la frontera de los departamentos de Tacna y Arica, tomando de ambos departamentos dos kilómetros. Este corredor no podrá acercarse a menos de diez kilómetros de la actual línea del ferrocarril Arica-La Paz. Esta propuesta fué transmitida a Lima también por el Embajador Velarde para su consideración.(58)

En los primeros días de junio el ex-Presidente Alessandri visitó a Kellogg y le insistió en que el plebiscito debería efectuarse, a lo que Kellogg le respondió que las dificultades para efectuar el mismo eran responsabilidad exclusiva de Chile, por lo que el Secretario era partidario de una solución de buenos oficios. (59)

El General Lassiter hizo público el 4 de junio, el Informe de la Comisión Plebiscitaria, en el cual se daba cuenta que la Comisión había decidido dar por concluida sus labores debido al permanente incumplimiento de Chile para ofrecer condiciones apropiadas para la realización del plebiscito. La resolución de los Comisionados señalaba que efectuar el plebiscito era una tarea imposible ya que en Tacna y Arica no existían las condiciones para obtener resultados justos. El Delegado chileno consideró la anterior resolución como ilegal, ya que el árbitro en su sentencia había declarado que el plebiscito debía efectuarse. La publicación del Informe de Lassiter causó un gran impacto en los dos países interesados, y paralizó en alguna manera la gestión paralela de buenos oficios del Secretario Kellogg.

El 27 de agosto el Embajador Velarde solicitó al Secretario Kellogg que los Estados Unidos reactivaran los buenos oficios para conseguir una solución. Perú ratificó este pedido por nota verbal en fecha 2 de septiembre. Con este motivo, Kellogg convocó a los Embajadores Cruchaga y Velarde con el fin de elaborar una fórmula conjunta que finiquite la cuestión.

El Embajador chileno manifestó que su país no podría aceptar ninguna solución que signifique la pérdida de la ciudad de Arica; el delegado peruano a su vez afirmó que el Perú no podía aceptar ninguna solución que deje Arica en posesión de Chile. Con estos antecedentes Kellogg envió instrucciones a Poindexter para que logre una solución de compromiso con el Presidente Leguía a fin de lograr establecer una solución de compromiso mediante un corredor para Bolivia, que comprendería la línea del ferrocarril y los derechos de uso del puerto de Arica. Kellogg insistía en que su Embajador en Lima debía mostrar al Presidente Leguía que Perú ya había ganado la batalla moral con Chile al suspenderse el plebiscito, aunque todavía el árbitro no se había pronunciado sobre la resolución de Lassiter. Por consiguiente Leguía debería dar su opinión para ver la forma práctica para finalizar el arbitraje y posiblemente considerar una solución a la controversia.

El Secretario de Estado también se dirigió al Encargado de Negocios en Santiago para que comunique a ese Gobierno que la controversia de Tacna y Arica no solamente concernía a Chile y Perú sino que era un asunto del máximo interés de todas las naciones del hemisferio occidental. Con este motivo, debería investigar en Chile no solo la opinión del Gobierno sino también la opinión pública sobre un arreglo que incluyera: 1) la entrega de Tacna a Perú, la entrega de un corredor a Bolivia con el ferrocarril y la entrega a Chile de Arica incluyendo la ciudad, con el alquiler del puerto de Arica y su conexión al corredor boliviano en el marco del Tratado de Fiume. 2) La neutralización del territorio o creación de un Estado libre. 3) La venta de todo el territorio en disputa a Bolivia. Asimismo, incluir en el informe la posibilidad de que Chile alquile a Bolivia toda la ciudad de Arica en lugar de la pequeña faja del puerto señalada anteriormente.

Poindexter informó a Kellogg el 11 de octubre que tenía la impresión que Perú aceptaría la neutralización de Arica y Tacna, aún más, podría aceptar que Chile se quede con la Provincia de Arica, excepto la ciudad que debería ser declarada neutral; e inclusive que la ciudad de Arica quedara en el corredor boliviano, mientras Tacna debía ser devuelta al Perú y pedía instrucciones detalladas para conversar con el Presidente Leguía. Kellogg le respondió el 13 de octubre, presentándole un nuevo plan que ya le hizo llegar a Leguía, vía Velarde y del Asesor Ellis. El Plan contemplaba:

"Entregar Tacna al Perú, junto con la ciudad de Tacna y todo el territorio hasta la línea establecida en kilómetros al norte y oeste del ferrocarril. Entregar el departamento de Arica a Chile, junto con la ciudad de Arica, desde el punto fijado...kilómetros al sudeste del ferrocarril Arica La Paz, desde la frontera boliviana hasta un punto en la costa, 3 kilómetros al norte de Arica a entregarse a Bolivia; la entrega del Ferrocarril Arica La Paz a una Sociedad de Responsabilidad Limitada, con acciones a ser poseídas por Chile y Bolivia, a quienes el Perú podrá comprarles acciones. La administración del Ferrocarril se entregará a alguna compañía extranjera....Bolivia, Chile y Perú gozarán de las facilidades portuarias y Chile alquilará a Bolivia una franja de territorio en Arica , paralela a la línea de aguas, en forma similar al plan de Fiume; la franja se extenderá del muelle al final de la calle dos de mayo por una cuadra hacia el norte, incluyendo la línea férrea hasta la maestranza Chinchorro, en el norte, los patios del ferrocarril, los edificios en el mismo muelle. Todo el territorio será desmilitarizado y Bolivia, Chile y el Perú liquidarán sus fuerzas armadas hasta un punto a fijarse dentro de sus fronteras... Se elaborará un _Acuerdo adicional sobre los derechos de los tres países en las aguas territoriales. Un monumento internacional conmemorativo para los tres países se dirigirá en el Morro; y Chile y Perú suscribirán tratados generales de amistad y comercio".

En otra parte de su plan, Kellog decía que creía que Chile tal vez aceptaría el plan; que la idea de neutralizar los territorios significaba erigir un Estado independiente, pero que Chile se oponía enérgicamente a la idea; por otra parte el nuevo Estado dificultaría la idea de conceder un corredor a Bolivia, en su territorio. Al terminar esta nota, Kellogg instruía también explorar la posibilidad de que Chile y Perú transfirieran sus derechos por compra-venta a Bolivia.(59)

El Embajador americano en Lima contestó a Kellogg el 16 de octubre, que había conversado con Leguía, quien le manifestó que cualquier acuerdo que signifique para el Perú perder la ciudad de Arica, tendría complicaciones graves incluyendo el derrocamiento de su Gobierno. Añadió que Leguía, aceptaría el erigir un monumento internacional en el Morro. Leguía hacía notar que Tarata había sido adjudicada al Perú por el árbitro pero por ese territorio pasaba una parte de la trocha del ferrocarril Arica-La Paz.

El Secretario Kellogg convocó el 19 de octubre a una reunión personal superior del Departamento de Estado junto al ex-secretario Charles Evans Hughes para evaluar la situación y adoptar una posición definida sobre la que se debía pronunciar el árbitro. Luego de analizarse los acontecimientos y los diferentes factores en juego, el ex-Secretario resumió ante Kellogg la opinión de los participantes en un nuevo plan que debería ser presentado por Estados Unidos a Chile y Perú:

"1.- La República del Perú y la República de Chile ceden a perpetuidad simultáneamente todos sus derechos y reclamaciones sobre las provincias de Tacna y Arica a Bolivia; posteriormente se fijará la compensación a ser pagada por la República de Bolivia a las Repúblicas de Chile y Perú.

2- Las Repúblicas de Chile, Perú y Bolivia acuerdan determinar la suma que deberá pagarse a Chile y Perú por Bolivia y el Secretario de Estado ofrece sus buenos oficios a los tres países con el propósito de ayudarlos a determinar los montos a pagarse.

3- Si los tres países no pueden llegar a un acuerdo sobre los montos de dinero a pagarse por Bolivia en compensación para los territorios, los países acuerdan dejar que el Secretario de Estado de Estados Unidos tome la decisión que será final y obligatoria.

4- Chile y Perú deberán acordar entre ellos la distribución de los montos que Bolivia pagará por las provincias.

5- El Secretario de Estado, ofrecerá sus buenos oficios a Chile y Perú por la división de las sumas a pagarse por el valor de las provincias cedidas, si es que Chile y Perú no hicieran un acuerdo entre sí". (61)

A principios de noviembre el Embajador peruano presentó a Kellogg un Memorándum resumiendo la posición de su país, insistiendo que el problema de la ciudad de Tacna y el puerto de Arica se basada fundamentalmente en la situación de las poblaciones peruanas residentes en esos centros. Para el Perú, el criterio de las cautivas se refería no a los territorios sino propiamente a las poblaciones. Por eso justificaba la necesidad de que toda solución debería partir del principio de que Tacna y el puerto de Arica deberían ser devueltos al Perú.

El Perú se comprometía a que si en el acuerdo se contemplaba entregarle el puerto, la ciudad y el Morro de Arica, concedería a Bolivia y Chile las ventajas de zona franca y privilegios aduaneros. Se añadía que el Perú era partidario de construir un nuevo y excelente puerto a seis millas al sur de Arica, el mismo que sería el puerto independiente y soberano de Bolivia conectado al ferrocarril Arica-La Paz, de modo que el nuevo puerto y el ferrocarril también pudieran servir los intereses de Chile en la región. En su Memorándum, Velarde insistía que el Morro y el puerto de Arica eran una entidad geográfica, política y comercial inseparable de Tacna y que no existía una barrera natural que pudiera servir de frontera entre Tacna y Arica. Por otra parte, el Perú no podría aceptar el enclaustramiento de Tacna que se produciría si Arica, su puerto natural, quedara en manos de otro país. El Gobierno del Perú concluía su declaración reiterando que deseaba con toda sinceridad finiquitar la controversia y ofrecía su total cooperación con ese fin; la única salvedad que el Perú establecía era que, en toda solución, la ciudad, el puerto y el Morro de Arica, no deberían entregarse a otro Estado.

El Embajador Velarde sostuvo una larga entrevista con Kellogg y defendió los principios expuestos en el Memorándum. En la reunión Velarde sugirió que se debía establecer la frontera sur del Perú en el Valle de Azapa y reiteró que el Perú deseaba que Bolivia pudiera obtener un corredor soberano al Océano Pacífico al sur de la ciudad de Arica. Días más tarde, Velarde en otro Memorándum, añadió que el Perú deseaba aclarar que la declaración de "la ciudad, el puerto y el Morro de Arica no quede en manos de otro país", no excluía la posibilidad de un arreglo que contemple la concesión de un corredor a Bolivia en las áreas disputadas, ni modificaba la aceptación del Perú a la neutralización de los territorios ni otra de las soluciones propuestas por Kellogg.

El Secretario Kellogg perdió la paciencia y dijo que no podía seguir dando vueltas sobre el mismo asunto sin llegar a una solución. En un "in promptu" decidió aceptar el plan sugerido por el ex-Secretario Hughes y el personal superior del Departamento de Estado y convocó a los Embajadores de Chile, Perú y les entregó el 30 de noviembre la siguiente proposición final, anunciándoles que era definitiva y la entregaría a la prensa el 2 de diciembre. Copias de la misma se enviaron a los Embajadores en Santiago y Lima. A continuación se transcribe algunas partes pertinentes de la citada proposición:

"La controversia de Tacna y Arica mereció mi más profunda atención desde que asumí las funciones de Secretario de Estado. Todos mis predecesores en este Despacho, durante los pasados cuarenta años, siguieron con el mayor interés las variadas fases del problema, y diversos Secretarios particularmente mi inmediato predecesor Mr. Hughes, han estado tan íntimamente ligados como yo, con la labor de contribuir en lo posible a la solución del asunto... En el estado actual de la controversia estoy persuadido de que sería ventajoso para las partes que yo resuma sinceramente ciertas observaciones y conclusiones que formé como resultado de mi experiencia en el asunto durante el último año y medio.

I- Los numerosos esfuerzos que se hicieron desde el Tratado de Ancón a efecto de hallar una solución dentro del alcance y de la intención del tratado mismo, sea por negociaciones entre Chile y Perú o bien, como se estableció últimamente, por arbitraje y plebiscito, han sido totalmente infructuosas.

II- Las negociaciones recientes para el arreglo fuera del Tratado con la ayuda de los buenos oficios de los Estados Unidos, sirvieron incuestionablemente para explorar las posibilidades de acuerdo y definir las posiciones de los litigantes. Los Representantes de los dos Gobiernos me explicaron sus actitudes respectivas con la más plena franqueza y estoy convencido de que hay un sincero deseo en ambas partes para arribar a un ajuste final y constructivo.

III - Hemos encarado cuidadosamente la cuestión que se deriva del punto del honor nacional. Ahora, el honor nacional, es una cosa muy real y en este caso especial está perfectamente claro que las susceptibilidades nacionales al respecto, que son particularmente delicadas en ambos países, deben estar plenamente protegidas. No veo razón por que no pueda hacerse esto. Estoy convencido de que este problema debe solucionarse definitivamente sin el menor sacrificio del honor y de la dignidad nacionales y sin dañar las susceptibilidades patrióticas de ambos lados. Al contrario, nada podría posiblemente redundar más en favor del honor y dignidad de Chile y del Perú que un arreglo generoso de esta controversia que les permitiese aparecer ante el mundo como amigos que se desembarazan de serias diferencias entre ellos.

IV - He estudiado con la más gran atención los varios tipos de solución que fueron adelantados en el curso de las negociaciones y he escuchado atentamente las opiniones que libremente expresaron los representantes de las potencias contendientes. Dejando de considerar el proyecto de ejecutar las provisiones no cumplidas del Tratado de Ancón, aparecería de la naturaleza d0el asunto que no hay sino tres medios para arreglar la disputa territorial: Cesión de derechos de uno de los contendientes al otro, división del territorio litigado sobre algunas bases que se acordarían; o algún arreglo por el cual ninguno de los contendientes quedase con el territorio en disputa.

Estas tres fórmulas generales abarcan exclusivamente los medios lógicamente posibles para disponer de la res.

Creo que se puede decir claramente que la primera de ellas, o sea la entrega del territorio disputado en su integridad a una u otra de las partes ha cesado virtualmente de contemplarse como una solución práctica por quien quiera que realmente espere alcanzar un arreglo permanente.

La segunda fórmula, la división del territorio, ha sido también rehusada. Las partes no pudieron hallar una fórmula o base, sea para una división rígida, o una división acompañada de un "corredor" o un plan de "ciudad libre", que fueran aceptadas por las partes. Las esperanzas de éxito siguiendo este camino no son alentadores. Aparentemente ningún proyecto de solución, por ingeniosamente que haya sido ideado, ha podido vencer hasta ahora el hecho persistente de que ninguno de los Gobiernos considera posible un arreglo que envuelva concesiones sustanciales al otro. Faltan los elementos esenciales de arreglo en el verdadero sentido de la palabra. Podemos también encarar el asunto honradamente y reconocer que la división de este territorio entre Chile y Perú sobre cualquier base de acuerdo, presenta dificultades insuperables, a tal punto que cada una de las partes se opone toda sugerencia de arreglo con el argumento de que la otra pudiera invocar una victoria moral.

V - En el curso de las negociaciones he sugerido para su consideración en una forma u otra tres fórmulas lógicas de arreglo. Las ideas de Chile y del Perú no convergieron hacia ninguna de ellas. He sugerido varias combinaciones tales como la división del territorio cortado por una especie de "corredor" y el proyecto de "Ciudad libre". Discusiones no llegaron a conclusión alguna. He sugerido también la neutralización del territorio, pero ello no ha sido favorable por ambas partes.

Recapitulando: Los procedimientos según el artículo III del Tratado de Ancón han sido infructuosos. Las partes no convinieron acerca de la división del territorio sobre base alguna. Tampoco convinieron en la neutralización de toda o parte del territorio. Ninguna sugerencia que se formuló pudo ser aceptada por Chile y el Perú. ¿Qué es lo que queda?. No obstante el hecho de que no se pudo obtener un arreglo y en vista de todo lo que tuvo lugar, me siento todavía inclinado a considerar algún paso que aún pudiera darse a fin de hacer un esfuerzo amistoso y desinteresado que ayude a las partes; y después de madura reflexión, he decidido diseñar y presentar a los dos Gobiernos un plan que es a mi juicio digno de su más cuidadosa atención.

Me aventuro a expresar la esperanza sincera de que ellos lo adoptarán. Este plan invoca la cooperación de una tercera potencia. Bolivia, que todavía no ha aparecido en ninguna de las negociaciones, por lo menos en que concierne a mi Gobierno. A pesar de que la actitud de Bolivia no ha sido indagada, sabiéndose que su aspiración es sólo asegurarse un acceso al Pacífico, parece razonable concordar en que Bolivia, en virtud de su situación geográfica, sea la nación que estuviese interesada en adquirir por compra o cualquier otro modo el objeto materia de la controversia.

Con este preludio permítaseme ahora definir la sugerencia concreta que someto a los tres países.

a) Las Repúblicas de Chile y Perú se comprometen libre y voluntariamente en una o varios protocolos a ceder a Bolivia a perpetuidad todo derecho, intereses o títulos que ellas tengan en las provincias de Tacna y Arica, debiendo ser objeto de la cesión de garantías apropiadas para la protección y conservación, sin distinciones, de los derechos personales y de propiedad de todos los habitante de dichas provincias de cualquier nacionalidad.

b) Como parte integrante de la transacción se proveerá para que la República de Bolivia dé una compensación adecuada por dicha cesión, incluyendo las obras públicas ferrocarriles y mejoras y tomando en cuenta el valor presente de tales obras, ferrocarriles y mejoras, hechos por Chile y Perú durante los períodos que estuvieron respectivamente en posesión y ocupación del territorio; deberán determinarse tales compensaciones en negociaciones directas en que participen los tres países: Chile, Perú y Bolivia, quedando bien entendido que el Secretario de Estado pondrá a disposición de los tres gobiernos sus buenos oficios, si ellos fueran requeridos; sean estos para promover un arreglo o para establecer el carácter y el monto de la compensación en el caso de que pareciese impracticable la determinación de la misma en la negociación tripartita.

c) Chile y Perú convendrán en una negociación directa para ambos, sobre la compensación en dinero que se acordase, entendiéndose también que el Secretario de Estado pondría a disposición de aquellos países sus buenos oficios, si fueran estos requeridos, para ayudarles en la participación del dinero y que asimismo él organizará la división de la compensación, si así lo pidieran Chile y el Perú.

d) El promontorio conocido como el Morro de Arica, con sus fronteras definidas fijamente, se reservaría de la transferencia a Bolivia y se colocará bajo el dominio y jurisdicción internacional que se encargaría de mantenerlo como una Monumento Internacional al valor de Chile y el Perú, sugiriendo además que se erija en el Morro un faro o monumento que commemore el arreglo amistoso de Tacna y Arica.

e) Simultáneamente con la conclusión de los arreglos anteriores o tan pronto como fuese practicable, se celebrarían tratados de amistad entre Chile y Perú reanudando las relaciones diplomáticas y Consulares y tratados de comercio, de navegación, etc., necesarios al restablecimiento de relaciones amistosos y normales entre los dos países.

f) Desmilitarización perpetua en el más amplio sentido del término del territorio comprendido entre las provincia de Tacna y Arica, por convenio entre Chile, Perú y Bolivia.

g) Por convenio apropiado entre las tres potencias, la ciudad de Arica se convertiría para siempre en puerto libre debiendo celebrarse un acuerdo que asegure igualdad de tarifa a los tres países, Chile, Perú y Bolivia en el puerto, en el ferrocarril o en cualquier otro medio de comunicación dentro del territorio de las provincias de Tacna y Arica.

VI - Al someter este plan no hago sino perfilarlo en sus líneas generales. Los detalles, a mi juicio, no presentarían dificultades serias.

Muy poco necesitan aclararse las ventajas esenciales de esta solución sobre las que se presentaron anteriormente:

a) Concurre a sustituir las proposiciones no cumplidas del artículo 3° del Tratado de Ancón y resuelve la controversia que existió desde que se firmó este Tratado.

b) Es clara y simple, libre de factores que complican otras soluciones.

c) Es comprensiva y definitiva, sin dar lugar a reclamaciones, disputas y maniobras para la revisión de las disposiciones territoriales.

d) No dañan las susceptibilidades nacionales chilenas o peruana. Ningún país hace concesión alguna al otro y las posiciones morales de ambos en lo que concierne a la controversia original quedan intactas.

e) Toma en cuenta el interés continental en la controversia y engloba un acuerdo que toda Sudamérica acogerá como una solución que asegura una paz permanente y estable". (64)

El gobierno boliviano mediante Alberto Gutiérrez respondió a Kellogg el 2 de diciembre, afirmando entre otros conceptos que.

"En respuesta, y debidamente autorizado por S.E. el Presidente de la República, tengo el honor de manifestar a V.E. que Bolivia acepta plenamente la fórmula de solución propuesta por el Gobierno de los Estados Unidos y pondrá todos sus empeños para llegar, sobre las condiciones de dicha transferencia a un acuerdo con los Gobiernos de Chile y el Perú, mediante los buenos oficios del Gobierno de los Estados Unidos.

El Gobierno de Bolivia experimenta alta satisfacción americanista al contribuir en esta forma a la solución de un problema que no tenía otra manera de ser resuelto y que ponía a cada instante en peligro la paz internacional. Igual complacencia siente al ver que sus repetidas invocaciones al derecho y la equidad internacional han sido escuchadas y en vías de ser satisfechas, sin herir intereses fundamentales de Chile y el Perú, ni dar a uno u otro país las ventajas de una victoria o los contratiempos de una derrota en la terminación de un asunto que había llegado a excitar todas las energías y todo el amor propio de las dos Naciones firmantes del Tratado de Ancón.

Al asumir el Gobierno de Bolivia el rol de partícipe en esta solución internacional, quiere manifestar al Gobierno de los Estados Unidos su agradecimiento más efusivo por haber satisfecho una aspiración nacional y por haber contribuido con tal alto espíritu a poner los cimientos definitivos de la paz y de la concordancia en este continentes" (65).

El Gobierno de Chile respondió el día 4 de diciembre, mediante su nuevo Canciller Jorge Matte, y en su nota decía:

"... Una sola cuestión quedó pendiente al liquidarse la Guerra del Pacífico: la nacionalidad definitiva del territorio de Tacna y Arica, que habría de determinarse por sus habitantes diez años después de la fecha del Tratado.

Durante cuarenta años, a pesar de nuestras reiteradas iniciativas para producir un acuerdo que fijara las bases a las cuales debía sujetarse esa consulta popular, no nos fué posible alcanzar un resultado satisfactorio.

En tranquila posesión del territorio, y seguros de que el tiempo sería nuestro mejor aliado para consolidar la situación que alcanzamos en estas provincias, a cuyo progreso moral y material hemos dedicado nuestras mejoras energías, renunciamos espontáneamente a esa situación privilegiada, yendo a Washington a buscar una solución definitiva de esta vieja cuestión, inspirados por nuestro elevado concepto de confraternidad internacional.

El Protocolo de Washington entregó a S.E. el Presidente de los Estados Unidos, la fijación de las bases de aquella solución, y su fallo consagró enteramente la tesis chilena que defendía el principio de la determinación de los territorios por la libre voluntad de los habitantes.

Los procedimientos del plebiscito daban evidencia de la enorme mayoría electoral existente en favor de Chile, consagrando nuestro derecho a la anexión definitiva de Tacna y Arica al territorio chileno.

A pesar de esta legítima expectativa, el Gobierno de Chile no ha vacilado en acoger las insinuaciones del Departamento de Estado tendientes a la división del territorio, sacrificio aceptado sólo como un generoso esfuerzo en homenaje a la paz...

La República de Bolivia que, veinte años después de terminada la Guerra del Pacífico renunció espontáneamente a todo el litoral marítimo, exigiendo, como más convenientes a sus intereses, compensaciones financieras y de vías de comunicación, ha expresado su anhelo de ser considerada en las negociaciones que se celebran para resolver la nacionalidad de esos territorios.

Ni en justicia ni en equidad, puede encontrarse una justificación de esta exigencia, que ahora formula erigiéndola como un derecho. Sin embargo, el Gobierno de Chile no ha dejado de considerar este nuevo interés del Gobierno de Bolivia y ha subordinado su discusión, como era lógico, al resultado de la controversia pendiente con el Gobierno del Perú.

Aún más; en el curso de las negociaciones proseguidas durante el presente año ante el Departamento de Estado, y dentro de la fórmula de división del territorio, Chile no ha rechazado la idea de conceder una faja de territorio y un puerto a la Nación Boliviana. Las proposiciones, altamente inspiradas, que el Gobierno de Chile ha aceptado sobre este particular, no han encontrado la acogida que merecían de parte del Gobierno del Perú y la cuestión ha quedado pendiente hasta el momento actual... La proposición del Departamento de Estado va mucho más allá de las concesiones que generosamente ha podido otorgar el Gobierno de Chile. Ella envuelve la cesión definitiva, a la República de Bolivia, del territorio disputado, y si bien, como el Secretario de Estado lo dice, esa solución no hiere la dignidad de ninguno de los países contendientes y se armoniza con el deseo, repetidas veces manifestado por el Gobierno de Chile, de ayudar a la satisfacción de las aspiraciones boliviana, no es menos cierto que ella significa un sacrificio de nuestros derechos y la cesión de un territorio incorporado desde hace cuarenta años a la República en virtud de un Tratado solemne, situación que no puede ser jurídicamente alterada, sino por un plebiscito, cuyo resultado no ofrece duda alguna en el sentir del pueblo chileno.

En ningún momento el Gobierno de Chile ha abandonado esta sólida situación jurídica, en que lo colocaron el Tratado de Ancón y el fallo arbitral, y no la abandonará tampoco ahora. No obstante, en obsequio a la gran causa de la confraternidad americana, y llevado por su anhelo de favorecer la reconciliación de los países envueltos en la guerra del Pacífico, Chile ha estado siempre dispuesto a escuchar toda proposición de arreglo que pueda contribuir a tan altos fines, y que al mismo tiempo le ofrezca compensaciones al sacrificio de aquella parte de sus legítimos derechos que tales proposiciones importan.

Pero desea dejar testimonio, una vez más, de que, al discutir tales proposiciones, no abandona esos derechos, sino que simplemente ha considerado la posibilidad de sacrificarlo libre y voluntariamente en aras de un superior interés nacional o americano.

En este sentido, el Gobierno de Chile accede a considerar, en principio, la proposición, dando con ello una nueva y elocuente demostración de sus propósitos de paz y cordialidad... El Gobierno de Chile atribuye capital importancia al pensamiento que el Secretario de Estado consigna en su "Memorándum" relativo al carácter de perpetua neutralidad en que deben ser mantenidos esos territorios. Coincidimos, pues, con él, en que el término "desmilitarización" de esa región deben ser entendido en su más amplio concepto, eliminando en forma más absoluta toda posibilidad de que en ella o en sus aguas territoriales puedan ser mantenidas bases o fuerzas terrestres, aérea o navales.

Debemos a este respecto, expresar al Secretario de Estado, con franqueza y claridad, nuestro pensamiento. Si entregamos una vía de comunicación al Pacífico destinada a desenvolver a vida económica de Bolivia, tenemos el derecho de asegurar que el sacrificio que hacemos, en obsequio a un elevado ideal, no importa un peligro futuro para nuestra seguridad exterior.

Como natural corolario de este concepto, sería indispensable estipular que el territorio, cuya cesión se propone, no podría ser transferido en todo ni en parte, a ninguna de las naciones contratantes, ni a otra potencia" (66).

En vista de que Perú no respondió de inmediato, Kellogg envió instrucciones a su Embajador en Lima para que consiga de Leguía una aceptación "en principio" a la proposición del 30 de noviembre. De la misma manera, envió instrucciones idénticas a sus Embajadores en Argentina, Brasil y Uruguay para que pidan a esos Gobiernos, ejercer una acción amistosa y discreta sobre Perú para que acepte la proposición de Kellogg. El Canciller de Uruguay decidió responder en forma coordinada con Argentina y Brasil. El Presidente de Brasil y su Canciller, luego de consultas en Lima, informaron al Embajador americano Morgan que la proposición Kellogg había tomado de sorpresa al Gobierno y opinión peruana, y que Brasil no podría asumir ninguna gestión hasta que la opinión pública de Lima se calme. El Canciller argentino Gallardo, dijo que su país, al igual que Brasil prefería esperar que la situación se aclarara en Lima antes de efectuar alguna gestión al respecto. (67).

El Embajador Velarde consultó el 3 de diciembre a Kellogg mediante nota que, al Perú, antes de responder a la nota de 30 de noviembre, le interesaba conocer el pensamiento de Kellogg sobre la suerte que correrían las poblaciones peruanas en Arica y Tacna. Kellogg le respondió que en la propuesta había una provisión en el párrafo a), que establecía las garantías de los derechos personales y de propiedad de todos los habitantes y le transcribió copias de las respuestas que Bolivia y Chile le habían hecho llegar. (68)

El Canciller peruano envió a Kellogg el 12 de enero una nota muy extensa y detallada, en la que recordaba las negociaciones y los principales aspectos que el Perú considera esenciales. En la respuesta peruana se destacan los siguientes conceptos:

"El Gobierno del Perú ha recibido y se ha impuesto, con la debida atención, del Memorándum que el Honorable señor Secretario de Estado de los Estados Unidos de América le ha dirigido, por intermedio del Excelentísimo señor Embajador americano relativo a la cuestión pendiente entre el Perú y Chile por el incumplimiento de la cláusula tercera del Tratado de Ancón; Memorándum en el que se propone, como solución definitiva, que los territorios de Tacna y Arica sean entregados, a perpetuidad a la República de Bolivia, en cambio a compensaciones que serían acordadas entre los tres países... Si, pues, el plebiscito no se ha realizado por culpa de Chile, la cláusula tercera del Tratado de Ancón, que jurídicamente envolvía una condición resolutoria del propio Tratado, es claro que ha desaparecido; y como ella contenía la única limitación respecto a la nacionalidad futura de Tacna y Arica, estos territorios han recobrado su condición de provincias libres de cualquier dominación extranjera; y se ha definido, con la fuerza del derecho y de los hechos, que continúan siendo peruanas.

Como es posible que, habiéndose llegado a esta conclusión jurídica, de parte del Perú y de los Estados Unidos, se pretenda ahora que el Perú entregue a Bolivia esos territorios?... Es de aplaudir que el Honorable señor Secretario de Estado haya tenido, como punto de inspiración en su propuesta, el de no herir el honor y la dignidad nacionales de ningún país. Desgraciadamente, esos buenos propósitos no tendrían su confirmación con la entrega de Tacna y Arica a Bolivia. Y si se agrega que esta entrega no es a título gratuito, ni por razón de un derecho claramente definido, sino que debe verificarse a base de compensaciones pecuniarias, entonces habrá que convenir en que, no sólo sufren el honor y dignidad del Perú, sino que quedarían irremisiblemente ultrajados... Nuestro país no consintió nunca, ni en los momentos en que la fuerza de las armas imperan, en ceder Tacna y Arica, ni por dinero, ni por compensaciones; y precisamente por eso llegó a la fórmula del plebiscito a plazo fijo... Si el Perú. hay que repetirlo, aceptó, como un acto de abnegación americanista, y como un homenaje a la persona del Arbitrio, entrar a discutir otras fórmulas de arreglo, fué, exclusivamente, con el propósito de llegar a una solución con Chile; pero en todo momento sostuvo la intangibilidad de su derecho y la consecuente reintegración de su derecho y la consecuente reintegración; señalando únicamente la zona al sur de Azapa para que en ella se diera puerto a Bolivia. El Perú se ha mostrado pues, siempre consciente de su derecho; y su espíritu de cordialidad en el debate de los buenos oficios no es motivo para que se crea que ha renunciado a él...

Precisamente, como acaba de decirse, el Perú ha estado dispuesto a ceder parte del territorio, con el objeto ya de dar un puerto a Bolivia, y a poner término a la controversia con Chile; y aún este último país se ha manifestado llano a hacer la devolución al Perú de casi toda la provincia de Tacna. Llama pues, la atención que una división tripartita del territorio, a base de Arica para Chile, se pudiera haber mirado como factible; y que sólo cuando se ha discutido esta partición dejando la provincia de Tacna con la ciudad de su nombre, al puerto y Morro de Arica para el Perú, haciendo la división del resto de la provincia de Arica entre Bolivia y Chile al sur de Azapa, surge la idea de que la partición e ha hecho impracticable... Por otra parte, la división del territorio propuesta por el Perú, no es solamente producto del ingenio. Ella se funda, de una parte, en los indiscutibles títulos jurídicos peruanos sobre todos los territorios de Tacna y Arica; y de otra, en las condiciones geográficas del terreno. La partición del territorio, restituyéndole al Perú las ciudades de Tacna y Arica, habría sido, y continúa siendo factible, con tanta más razón cuanto que al sur de esos territorios quedan las borateras de Chilcaya, que son lo más valioso de esas provincias y lo más productivo. Esta última circunstancia es una prueba más de que el Perú no ha tratado de sacar ventajas económicas, sino que solo se preocupa de lo que constituye parte integrante de su nacionalidad... Hay más; en las mismas fórmulas de partición, Chile ha estado dispuesto, en diversas oportunidades, a devolver al Perú la provincia de Tacna. Véase, pues, que las expectativas del Perú para recuperar sus territorios, no sólo han existido antes, sino que existen aún. En cambio, Chile no tiene ni puede tener, expectativa alguna de retener lo que ya no debe poseer... Mi Gobierno mira con simpatía la neutralización, más que todo, porque ella vendría a poner término al martirologio de los tacneños y ariqueños y porque la política internacional del Perú nunca se ha inspirado en intereses materiales sino en los altos ideales de justicia y de protección a los derechos humanos...

Precisando el pensamiento desarrollado en el Memorándum, se propone, de una manera concreta, que las Repúblicas de Chile y el Perú, conjuntamente o por varios acuerdos, libre y voluntariamente celebrados, cedan a la República de Bolivia a perpetuidad, todos los derechos, títulos e intereses que cada una de ellas tuviera en las provincias de Tacna y Arica; cesión que se haría subordinada a garantías adecuadas para la protección y defensa, sin distinción, de los derechos personales y reales de todos los habitantes de las provincias, cualquiera que fuese su nacionalidad. El Perú no puede aceptar la cesión propuesta de los territorios de Tacna y Arica a nadie, ni por compra, ni de otro modo, porque el Perú, que viene defendiendo, más de cuarenta años, sus derechos sobre aquéllos, no puede convertirlos en mercancía sujeta a precio, por grande que ésta sea. En cuanto a Chile no tiene derecho que ceder porque ha perdido toda expectativa a retención de esos territorios desde el momento en que término la posibilidad de un plebiscito que decidirá de la suerte de ellos. El punto más grave de la cesión es el relativo a sus habitantes, respecto de los cuales sólo provee el Honorable señor Secretario de Estado garantías para su protección y defensa... El Honorable Secretario de Estado propone que el Morro de Arica, con sus límites por fijarse, se exceptuará de la transferencia a Bolivia y será convertido, bajo la autoridad y jurisdicción de una comisión internacional, en un monumento o mausoleo, o en un faro que ilumine el arreglo amistoso de la cuestión de Tacna y Arica... El Honorable señor Secretario de Estado, en su deseo de ver consolidada, en América, la paz continental, dice que, terminados los anteriores convenios de cesión a Bolivia, de pago de las compensaciones y de arreglo entre Chile y el Perú de dichas compensaciones, se celebrará entre estas dos naciones, tratados de amistad, reanudación de relaciones diplomáticas y consulares, de comercio, navegación y de todas las materias necesarias para restablecer las relaciones morales y amistosas entre los dos países. Es del caso declarar que el Perú, que es y ha sido siempre partidario de la amistad sincera, sólo podrá reanudarla con Chile, el día en que éste se muestre dispuesto a devolver al Perú los territorios de Tacna y Arica. Antes de esa reparación justiciera y que revela verdadero arrepentimiento, no es posible que vengan los tratados a crear situaciones que, lejos de amortiguar cuarenta años de constantes ultrajes, los harían revivir con peligro de la paz. El Perú no niega su amistad a Chile, pero exige que ella venga inspirada de un espíritu de sinceridad y de justicia que permita darle carácter estable... El Memorándum del Honorable señor Secretario de Estado continua exponiendo, en resumen, las razones que, en su elevado criterio bonifican la cesión de los territorios de Tacna y Arica a Bolivia. Cree que proporcionar la manera de substituir las disposiciones no cumplidas del artículo tercero del Tratado de Ancón y que acaba con la controversia que existe desde que se firmó el Tratado. Es decir, que reconoce la revisión del Tratado de Ancón desde que también reconoce que no se ha cumplido su cláusula tercera... La propuesta del Honorable señor Secretario de Estado no pone, sin embargo, término a la controversia. Su Memorándum, lejos de simplificar la solución, la complica. Se afirma en el Memorándum que la propuesta que contiene no puede lastimar ninguna susceptibilidad nacional, ni peruana ni chilena, porque ninguno de estos países hace concesiones al otro. El Perú, cabe hacer notar, no solo haría concesiones sino es el que cedería sus territorios de Tacna y Arica a Bolivia, dejando a Chile el derecho de obtener compensaciones, como si ese país conservara algún derecho sobre ellos... Por las precedentes consideraciones el Gobierno del Perú se ha visto en el duro trance de desestimar la propuesta del Honorable Secretario de Estado, pero, en su deseo de dar viabilidad a la misma y buscando el medio de atenuar siquiera a la resistencia por ella provocada en el país, dirigió al Honorable Secretario de Estado, la consulta contenida en su Memorándum de 3 de diciembre último, destinada a aclarar que más hondamente afecta el sentimiento público, sea para realizar la cesión de los territorios a Bolivia, debería o no consultarse la voluntad de los habitantes de esos territorios. El H. señor Secretario de Estado no ha absuelto, por desgracia, la pregunta. En su Memorándum de 11 del mismo mes, sólo hace una referencia a los derechos civiles de los aludidos habitantes, contemplados en su última propuesta, pero nada dice de los derechos políticos de los mismos, que fué materia de la consulta... La Cancillería peruana se ve muy a su pesar, en el caso de no aceptar la propuesta contenida en el Memorándum del 30 de noviembre último. Este rechazo no importa, sin embargo, el propósito de obstruir cualesquiera otras soluciones. Lejos de eso. El Perú ha aceptado la internacionalización parcial o completa de las provincias,, ha aceptado también la división de éstas dando gratuitamente un callejón a Bolivia hasta la playa y en ésta convertirla en un puerto grande, cómoda y seguro. Finalmente, está dispuesto a escuchar toda sugerencia de arreglo, pero con la condición de que se le devuelvan las poblaciones de Tacna y Arica, ésta con su puerto y Morro.

El Perú no puede aceptar, aún a riesgo de contrariar su tradicional política de deferencia por los Estados Unidos de América, una solución que importa el abandono de sus compatriotas, que es a lo que equivaldría dejarles en el estado de sojuzgamiento y vergüenza en que ahora viven." (69).

La respuesta peruana descorazonó a Kellogg en sus esfuerzos para lograr un acuerdo a la disputa peruano-chilena y éste prefirió dejar las cosas como estaban, sin buscar reactivar los buenos oficios ni insistir en una solución que involucrara la eventual participación de Bolivia. La gestión de Kellogg en 1926 estuvo muy cerca de lograr una solución definitiva a la cuestión de Tacna y Arica y aproximar a Bolivia a resolver su enclaustramiento. A Kellogg le faltó un poco de paciencia y su carácter fuerte le hizo proponer abruptamente una solución, que como hemos visto, ya estaba desahuciada de antemano, y olvidó insistir más bien sobre los puntos ya acordados. Para Kellogg, lo importante no era ya lograr una solución al problema, sino más bien, salvar únicamente el prestigio de los Estados Unidos, sometido a prueba por su papel tanto de árbitro como de amigable componedor.

Notas.-

1- Departamento de Estado. Archivo 723.2515/1331, 780: Telegrama y 790.

2- Torre Tagle es el nombre del Palacio sede de la Cancillería peruana, op. cit.          792: Telegram.

3- op.cit. 796, 794 respectivamente.

4- op.cit./805; Telegram.

5- op.cit./806, 807, 810, 811.

6- op.cit/843 y 821.

          7-   op.cit./865

8- op.cit./1022

9- op.cit./1014

10- op.cit./920 y 943; Telegram.

11- op.cit./939 y 940.

          12-   op.cit./1024

13- op.cit./1034.

14- op.cit./1069.

15- op.cit./1037, 1079 y 1080.

16- Address by Charles E. Hughes, Secretary of State, The Pathway of Peace: The Monroe Doctrine. 30 August 1923. Minneapolis.

17- Graham H. Stuart: The Tacna-Arica Dispute". World Peace Foundation, Boston 1927. págs. 49-55.

18- Sobre esta gestión se puede consultar de Raúl Botelho Gosálvez: "La Misión Jaimes Freyre en Chile". Oruro 1969.

19- Department of State, Archivo 723.2515/1128.

20- op.cit./243

21- 825.00/245.

22- op.cit.825.00/246

23- op.cit.825.00/255

24- op.cit.724.25/9

25- op.cit.725, 2515/1253 y 1246.

26- Sobre esta negociación y el Plebiscito, se puede consultar: William J. Dennis: "Tacna and Arica". Archor Books, 1967 y Joe Foster Wilson: "An evaluation of the Failure of the Tacna-Arica Plebiscitary Commission", 1925-1926, Doctoral Dissertion, University of Georgia, 1965.

27- Wilson, op.cit. pág.88.

28- op.cit.pág.30 y Departamento de Estado. Archivo 723.2515/1700:Telegram.

29- Wilson, op.cit. pág.155.

30- Department of State, Archivo 723.2515/1752.

31- op.cit./1760: Telegram y 1830: Telegram.

32- op.cit./1832.

33- op.cit./1952.

34- op.cit./2100.

35- op.cit./2080.

36- Wilson, pág.120.

37- Department of State: Archivo 723/2515/2100.

38- op.cit./2118.

39- op.cit./2515.

40- op.cit./2124: Telegram.

41- op.cit./2126.

42- op.cit.2143 a y 21386.

43- op.cit./2150.

44- op.cit./2151.

45- op.cit./2168.

46- op.cit./2168.

47- op.cit./2203.

48- op.cit./2183, 2199, 2212 y 2213.

49- op.cit./2210a.

50- op.cit./2249a.

51- op.cit.2276 y 2293. La salida por Vitor fué ofrecida por Leguía a Bolivia en nota dirigida a La Paz por el Embajador peruano el 8 de septiembre de 1925.

52- op.cit./2293 y 2299.

53- op.cit./2293, 2339a y 2354a.

54- op.cit./2369

55- op.cit./2389.

56- op.cit.723.2525/2432.

57- op.cit./2408.

58- op.cit.2415, 2652 y 2646.

59- op.cit./2654. La referencia a Fiume se refiere al Tratado de Rapallo de 12 de noviembre de 1920 entre Italia y el Reino de Serbia.

60- op.cit./2661.

61- op.cit/2678 1/2.

62- op.cit./2689 y 2682 1/2

63- op.cit./2690.

64- op.cit./2713a. La versión completa en español de la proposición Kellogg y las respuestas de Bolivia, Chile y Perú están transcritas en : "Puerto propio y soberano para Bolivia" de Alberto Virreira Paccieri, La Paz 1966.

65- op.cit./2741.

66- op.cit./2833 1/2.

67- op.cit/2777, 2729, 2782, 2783, 2786, 2802.

          68- op.cit./2749.

          69-op.cit./2853.

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