CONCLUSIONES

El principal objetivo de este estudio ha sido el de investigar y conocer mejor el papel jugado por los Estados Unidos en la cuestión marítima de Bolivia. El marco de análisis de esta cuestión se ha orientado en tres aspectos diferentes, aunque se dan en secuencia cronológica y están relacionados entre sí.

El primer aspecto de la cuestión es referente al estatuto territorial de Bolivia y la jurisdicción del mismo sobre el Océano Pacífico. El segundo se refiere a las dificultades y permanente conflicto que caracterizan a las relaciones entre Bolivia y Chile, a causa del expansionismo de este último a costa del territorio del primero y que culminaron con la pérdida de su Litoral como resultado de la Guerra del Pacífico. El tercero se orienta a analizar varios de los intento de Bolivia para recuperar una salida al Océano Pacífico, dentro de la constante que caracteriza a la política exterior boliviana desde 1884.

Los archivos del Departamento de Estado han constituido las fuentes principales de este trabajo. Es decir que, la información contenida en los despachos de plenipotenciarios, cónsules y enviados especiales, junto a los análisis de inteligencia e instrucciones impartidas por el Departamento de Estado, han permitido conocer en algunos casos, o reconfirmar en otros, hechos relevantes de la cuestión marítima boliviana, a la luz de la interpretación de la diplomacia de los Estados Unidos.

El análisis de la información permite elaborar algunas conclusiones sobre los tres aspectos de la cuestión marítima de Bolivia. Sobre el primero, los despachos diplomáticos y consulares no dejan duda que Bolivia fué una nación marítima, así como confirman por otra parte, que la Audiencia de Charcas, fundamento geográfico, histórico y jurídico de la República de Bolivia, ejercía soberanía sobre el territorio costero del Litoral de Atacama, bañado por el Océano Pacífico. Las delimitaciones fronterizas de las nuevas repúblicas, heredadas de la Colonia española, aunque en algunos casos no eran precisamente claras, en éste sí señalaban específicamente que la frontera entre Bolivia y Chile era el curso del río Salado.

Por otra parte, las cartas y diarios de los marinos americanos, así como la correspondencia consular, proporcionan otro testimonio irrefutable de la jurisdicción administrativa que el gobierno boliviano ejercía, en forma soberana, sobre el Departamento del Litoral de Atacama.

La correspondencia diplomática y consular establece en forma consistente que Bolivia fue un país con soberanía marítima, así como lo fue la misma Audiencia de Charcas, que se constituye en su antecedente geográfico, histórico y administrativo. Por consiguiente, tanto la Audiencia de Charcas como la República de Bolivia ejercieron soberanía reconocida por el concierto de naciones sobre el Departamento del Litoral de Atacama. La misma correspondencia destaca además el vínculo estrecho y permanente que Arica tuvo siempre con Bolivia. Reconociendo la importancia de esta relación, el Departamento de Estado instruyó a sus primeros enviados plenipotenciarios a Bolivia, buscar la transferencia del puerto de Arica a la nación boliviana. Por otra parte, los despachos resaltan que el Perú reconoció en varios tratados, los derechos de servidumbre que Bolivia tenía sobre Arica.

Con referencia al segundo aspecto de la cuestión marítima, se puede apreciar que el Departamento de Estado estuvo siempre bien informado sobre la situación en el Pacífico Sur, y desde 1842, conoció con detalle los esfuerzos chilenos para expandirse sobre el Litoral boliviano, primero, aumentando su gravitación en la región y luego, anexándose todo el territorio. Durante la Guerra del Pacífico, la diplomacia americana estuvo consciente que la raíz de la conflagración fué la codicia chilena para usurpar el patrimonio peruano de Tarapacá y el departamento boliviano del Litoral, que además de sus riquezas, se interponía geográficamente entre Chile y el Perú.

Los Estados Unidos no fueron simples espectadores durante la Guerra del Pacífico. Las partes en conflicto buscaron en varias oportunidades que los Estados Unidos contribuyeran en alguna forma, a lograr la paz en la región. A su vez el Departamento de Estado también se ofreció a jugar un rol para resolver el conflicto. Desde la mediación pedida por Bolivia al Ministro Pettis en 1879, hasta la solicitud de Chile al Ministro Logan en 1884 para que arbitre sobre los montos de las indemnizaciones de guerra, los tres contendores trataron, no menos de nueve veces, de procurar la participación americana.

Los Estados Unidos nunca pusieron en duda los derechos de Bolivia sobre el Litoral, pero haciendo gala del tradicional pragmatismo anglosajón, reconocieron la primacía que Chile en ese entonces tenía en la región y no queriendo enemistarse por defender los derechos de Bolivia, prefirieron ignorar toda solución que fuera contraria a los intereses chilenos.

La diplomacia americana, por otra parte, utilizó los derechos de Bolivia sobre el Litoral de Atacama para fundamentar su mediación en la disputa por la Puna de Atacama entre Chile y Argentina, y también para defender los intereses privados de americanos, ante la conducta ilegal de Chile, en los casos de la Compañía Alsop y del buque de carga Sportsman.

Con relación al tercer aspecto de la cuestión marítima, es decir, la que corresponde a la búsqueda boliviana para reintegrarse al Pacífico, se puede apreciar que Bolivia solicitó en varias ocasiones la colaboración del Departamento de Estado para obtener una salida propia y soberana sobre el Océano Pacífico. Desde la mediación pedida al Ministro Pettis durante la guerra, pasando por la del Ministro Guachalla al Secretario de Estado en 1900, hasta la solicitud del Presidente Coolidge en 1929, Bolivia trató de encontrar en Estados Unidos al campeón de la justicia continental que , al arbitrar la cuestión Tacna - Arica, podría también considerar su causa portuaria.

El juego diplomático estadounidense, unas veces en forma consciente y otras sin buscarlo, complico la situación el Bolivia frente al problema del Pacífico. En 1882, Estados Unidos pidió a Bolivia que no participara ni interfiriera en las negociaciones iniciales que promovía entre Perú y Chile; para dejarla luego librada a su suerte con el tratado de Ancón en 1883, del que Bolivia no era parte y que forzaba de facto su encierro. De la misma manera, cinco décadas más tarde, los Estados Unidos volvieron a pedir a Bolivia que no interfiera en las negociaciones que promovía entre Chile y el Perú, para dejarla luego librada a su suerte con el Tratado de Lima de 1929, del que Bolivia no era parte y que perfeccionaba de jure el enclaustramiento boliviano.

Desde 1929 hasta la fecha, una constante de la diplomacia boliviana ha sido la búsqueda de una formula que la reintegre al Océano Pacífico, la misma ha quedado registrada debidamente en los archivos del Departamento de Estado. Los diferentes intentos bolivianos, bilaterales o multilaterales, han buscado que los Estados Unidos jueguen un papel importante que garantice la seriedad de las negociaciones, así como que las mismas se efectúen dentro del marco del derecho Interamericano.

En el Departamento de Estado, nunca hubo duda sobre la justicia de la causa marítima de Bolivia, sin embargo, eso no significó que se sintiera con la obligación de buscar una solución a la misma. Es más los diplomáticos americanos nunca quisieron contrariar a Chile, posiblemente por considerar que sus intereses en ese país eran mayores a los que tenían en Bolivia.

De ahí que, el cambio de posición del Presidente Carter significó una innovación importante en la política americana sobre el problema. La nueva política exterior de los Estados Unidos, junto a la decisión de la mayoría de los países del hemisferio en 1979, coincidió en definir el enclaustramiento boliviano como un problema hemisférico, cuya solución debería darse también en el marco continental. En este sentido, la diplomacia americana ha dado su apoyo en nueve ocasiones a las resoluciones de la Organización de Estados Americanos que prescriben la necesidad de que Chile y Bolivia efectúen negociaciones destinadas a proporcionar a Bolivia una salida propia, útil y soberana al Océano Pacífico.

Por otra parte, para los Estados Unidos la solución del enclaustramiento de Bolivia, no solo es una causa justa de las Américas, sino que también constituye una necesidad, ya que de persistir el mismo, podría convertirse de alguna manera, en otro elemento conflictivo que amenace la paz en Sudamérica.

La correspondencia analizada, permite también contrastar la posición de los Estados directamente involucrados en la cuestión marítima de Bolivia. Por una parte, para Chile, el rechazo a revisar el Tratado de 1904 o a escuchar la demanda boliviana fué siempre un a cuestión de principio, mientras que para Bolivia, la búsqueda de un acceso soberano al mar mediante al revisión del Tratado de 1904 o un nuevo acuerdo, fué siempre una cuestión de sobrevivencia. Por la otra, Chile ha mantenido generalmente una actitud rígida ante al cuestión marítima de Bolivia, en al seguridad que esa rigidez justificaba su conquista. Bolivia, a su vez, ha mantenido una actitud muy flexible en su reinvindicación, en la esperanza que la misma haría posible lograr una salida soberana al mar y no necesariamente la restitución de su antiguo Litoral.

Con referencia al Perú, se puede apreciar que durante la guerra, Bolivia mantuvo su lealtad a la alianza por razones de honor, aun a costa de sus propios intereses. Sin embargo, durante las diferentes negociaciones entre Chile y Perú, este ultimo país tuvo en cuenta sus propios intereses y no consultó, ni Chile se lo permitió, a su antiguo aliado.

Para el Perú, la cuestión marítima de Bolivia fué únicamente un problema bilateral entre este país y Chile, aunque el Perú siempre se consideró el dueño de toda solución que implique una conexión de Bolivia con el Pacífico, sobre territorios que anteriormente fueron patrimonio peruano. El Perú buscó en las negociaciones de 1882 tener la clave de la salida al mar para Bolivia, a lo que Chile se opuso ardientemente. Por paradoja Chile, de motu propio y a costa de su propia soberanía, le otorgó ese privilegio al Perú en 1929.

Se puede concluir que Bolivia, Chile y el Perú han mantenido posiciones relativamente consistentes en toda esta cuestión y le han conferido a Estados Unidos un importante papel para dirimir sus disputas. A su vez, los Estados Unidos han buscado ejercer un rol protagónico que confirme su influencia en la región.

El presente estudio muestra que los Estados Unidos han tenido en todo momento una activa relación con el problema marítimo de Bolivia y por consiguiente, no deberían estar ausentes en la búsqueda de la solución al mismo. Esto no sólo por justicia, sino por la responsabilidad que la diplomacia americana adquirió, indirectamente, con los tratados de 1883 y 1929, que sanciona el enclaustramiento marítimo de Bolivia; que como se aprecia, tiene un carácter multilateral tanto en su orígen como en su resolución.

Los diferentes intentos de la diplomacia boliviana para lograr una gestión amistosa de Estados Unidos en la cuestión marítima, se fundamentaron tanto en la creencia que la diplomacia americana se basaba en sólidos valores morales y en un compromiso con los principios de justicia y equidad, como en la necesidad de contar con un amigable componedor que ayude en alguna medida, a equilibrar la desventajosa posición de Bolivia ante la superioridad de Chile y del Perú; no obstante, la forma en que Bolivia buscó apoyarse en los Estados Unidos fue de mucha ingenuidad porque ignoró que este país se mueve cuando tiene intereses en juego, los mismos que la diplomacia boliviana no supo o no pudo movilizar.

Lo que Bolivia no considero hasta la fecha, es que la participación americana en la búsqueda de una solución portuaria, debería basarse además, en otros cuatro aspectos importantes. Primero, Estados Unidos se comprometió en varias oportunidades a hacerlo una vez que Bolivia solucione su disputa con Paraguay. Segundo, los resultados del juego diplomático de los Estados Unidos en las negociaciones para terminar la Guerra del Pacífico y posteriormente en la solución a la cuestión de Tacna-Arica, le confirieron una responsabilidad por el daño inferido a Bolivia al contribuir en alguna medida a su enclaustramiento. Tercero, es de interés estratégico de Estados Unidos que la cuestión marítima encuentre una solución adecuada, a fin de eliminar un foco potencial que pudiera contribuir al escalamiento de tensiones en la región. Cuarto, Estados Unidos ha sido parte del grupo de países gestores y/o garantes de la solución de los principales conflictos en Sud América. El Presidente Roosevelt y los presidentes de la Argentina, Brasil, Chile Perú y Uruguay, actuaron conjuntamente como árbitros ex aequo et bono en el laudo arbitral del Chaco que puso fin al conflicto entre Bolivia y Paraguay en 1938. El Presidente Hoover aceptó un papel arbitral para que Estados Unidos interprete los términos del Tratado entre Chile y Perú, que él mismo propuso en 1929. Finalmente los Estados Unidos junto a la Argentina, Brasil y Chile son garantes del Protocolo de Rio de Janeiro suscrito por Ecuador y el Perú en 1942.

Al concluir, conviene recordar el ofrecimiento hecho por el Presidente Carter ante la Asamblea de la OEA en 1978 y reiterado en 1980, en sentido que los Estados Unidos - ya sean solos o dentro en la OEA podrían contribuir junto a los tres países directamente involucrados a buscar una solución al status mediterráneo de Bolivia. Asimismo, se debe también recordar las declaraciones del Presidente Ronald Reagan que apoyan la búsqueda de una solución marítima dentro del contexto hemisférico manifestado en las Asambleas de la OEA. Ambos presidentes han confirmado que los Estados Unidos podrían contribuir a encontrar una formula equitativa y práctica que permita a Bolivia reintegrarse al Océano Pacífico.

Corresponde ahora plasmar en realidad esos compromisos, a fin de que la política hemisférica de los Estados Unidos se dedique con imaginación, a prestar su apoyo determinante en la elaboración de la solución que termine de una vez por todas, con el oprobioso enclaustramiento de Bolivia. Cien años de encierro lo piden, un siglo de injusticia lo demanda.

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